lunes, 21 de noviembre de 2011

Oveja negra

¿Por qué nadie me dijo cuando era pequeño que era realmente eso de hacerse adulto? Es posible que ni los adultos de entonces lo entendieran. O es posible que fuera imposible predecir como iba a cambiar el asunto.

Me decido por la segunda opción al menos en el caso de mis padres. Ambos serios, maduros, agradables, sinceros (a veces demasiado) y honrados. Dos ejemplos de lo que hoy podría decirse escasea en la sociedad. Al menos en la que me atañe de forma más directa (lo que viene siendo mi generación). Bueno, en realidad el espectro se expande mucho más. (¿He dicho mi generación? Acabo de recordar a un padre que trataba de colega a su hijo...No es sólo una generación)

Mirarlo desde el propio germen te hace ser consciente. Desde la enfermedad, de un conflicto constante entre eso que denominamos madurez y lo contrario. La complejidad de la determinación de un concepto viene incluso ligada a la propia vanidad, y ni el conocimiento es tan bueno ni la pasividad tan mala.

¿Asociamos pues la madurez a la riqueza cultural y a la entrecomillada inteligencia de los que saben mucho? Depende de que es lo que sabes (o crees saber) No es maduro el que presume de logros o de vanagloriarse en la burla por almacenar entre sus archivos temporales el nombre de una capital que deberían conocer todos.

¿Es maduro el que encuentra trabajo o una pareja estable? No es maduro si el miedo ahoga a la personalidad y doblega la voluntad arrastrándonos a situaciones que en fondo no deseamos.

¿Es maduro el que se pasa las horas conectado enfrente de un ordenador publicando sus ocurrencias en Facebook o en ese nuevo fenómeno (que cuando nadie lo conocía yo tildaba ya de estúpido) llamado Twitter? Yo tengo Twitter (y, oh si, he publicado gilipolleces como todo el mundo, pero no todo el tiempo...) y de vez en cuando encuentro enlaces curiosos y mensajes dignos de ser leídos, pero no es lo que diría yo que abunda. (Será que todo el mundo lo usa y por eso hay que apuntarse a la tendencia) No es maduro si te dedicas a comentar chorradas que no ayudan a nadie y menos a tí mismo, o si hablas de cosas sin realmente entenderlas. (¿Quien entiende nada realmente?)


¿Es maduro el que critica y denuncia lo que cree injusto? Teniendo en cuenta que nacemos bajo el signo de la subjetividad y la necesidad instintiva, cada vez creo más en que no es así. Porque para unos es injusto lo que para otros es habitual o lógico en sus vidas. Pensamos que algo es verdad y por ello insultamos o marginamos a los que creen lo contrario (Por mucho que se diga que existe la tolerancia y la libertad) Nos quejamos (manifestación más primitiva de la inmadurez, por si no lo sabias) y lloriqueamos porque la gente hace esto, o dice esto y no otra cosa, vamos de dignos y de entendidos como si no la cagáramos continuamente (Que levante la mano quien no la caga ya diariamente, para tacharlo directamente de fantasma) No es maduro ir pasando por foros riéndose de los otros, respaldados por la comodidad del ciberinsulto cómodo y cobarde o avanzar en la facilidad de la crítica de lo que "me gusta o no me gusta" sin admitir que hay gente que se esfuerza y que intenta hacer cosas aunque cometa errores.


Cuando era niño pensaba que quería ser mayor para dejar de vérmelas con niñatos tocapelotas que se metían contigo para divertirse. Y de lo que ha servido...No es maduro el que crece. Y muchos niños de veintitantos años estoy harto de ver. (Entre los que me incluyo en ciertos aspectos. ¿No ves todo lo que me quejo?)

Pero luego yo soy la oveja negra que no sabe aguantar bromas (o ya para deshumanizarme aún más, divertirse). Perdón si creo que existen mejores formas de divertirse o que prefiero otras a las que utiliza la mayoría de la estirpe de jóvenes universitarios. Disculpen si no veo divertido o de buen gusto usar cada dos por tres el lenguaje obsceno porque es el humor más directo y primitivo (aparte de fácil, simple y desde hace mucho nada original) Disculpen si soy un tipo al que de vez en cuando alguien (dos o tres que no me ven el pelo en meses) se sorprende en ver porque ha salido de fiesta (si ya de por sí me siento mal dejándome llevar por la cultura del asqueroso discotequeo) No voy a pedir disculpas (y lo de antes era sarcasmo, otro signo de inmadurez en menor medida) por no querer gastarme la pasta "que ni siquiera me he ganado yo" en alcohol (o en dejarme estafar para entrar en un garito) para a ver si con eso se produce una intervención divina y echo un polvo (algunos directamente esperan a que una borracha baje el listón o en lastimosa esperanza, que se dejen tocar el culo) Luego hay tíos que me cuentan abochornados que se han liado con una tía feísima tan sólo por...¿El qué? ¿Algo de calor humano?

No. No pido disculpas por intentar no ser débil. (E incluso inmaduro, que cuesta lo mismo o más) Quizás en mi intento rechazo al del llanto fácil y que luego va de subido con la misma facilidad. Lo rechazo porque no quiero ser así. No dejar que las emociones nublen el juicio y acaben con el sentido común. No prometer algo que a los dos días dejo de cumplir. (Para eso mejor no decir nada) Y ser consciente de mis fragilidades y mis limitaciones de cara a lo cotidiano (no se puede tener todo ni ser amigo de todo el mundo, por lo tanto hay que elegir y eso no es fácil, aunque duela y nos regocijemos en la ilusión del "lo quiero todo")

Y me da igual decir las cosas como las pienso (si a alguien le molesta, que sepa que soy el primero al que le escuecen sus propias palabras), bastante es que me falta el aire por no decir muchas cosas a la cara con tal de no hacer daño a la gente (vaya, resulta que voy a tener un mínimo de sentimientos y todo - más sarcasmo de idiota) Por eso a veces mi mejor amigo es el silencio (por suerte no siempre, no me vayan a tachar de pobrecito) Y la cobardía supera a la valentía en un "muérdetelalengua" de lo políticamente correcto. (Con pocos puedo hablar de estar en desacuerdo con temas como los trasplantes de órganos sin que me quieran tirar lo más pesado que tengan a mano a la cabeza, exceptuando como siempre a mi padre) Muchas veces me gustaría preguntar por temas delicados para remover consciencias, pero no es que a todo el mundo le guste hablar de su mierda...no espera, a nadie le gusta.

Para muchos soy como una oveja rara y negra que pasa de todo. Pero no es que pase de todo. Tan solo paso de lo que no considero que me aporta nada. No intento exigir nada a nadie, ni siquiera me quejo personalmente ante lo que otros hacen o dejan de hacer. (Que no significa que esté de acuerdo con todo, valga lo dicho en toda esta maldita entrada) Cada uno con sus actos, y si me quieres en tu lista de contactos o incluso quieres mi opinión, adelante, yo que me alegro. Pero no me exijas que sea tu amigo si tú no te esfuerzas en ser el mío. Me dejaré llevar por lo que sea, pero a la hora de elegir siempre me rindo ante lo que me hace sentir cómodo en la rabiosa actualidad (aunque sea salir con una sola persona, que se puede hacer) y no por ciegos y desfasados cultos al concepto de "grupo". No exigiré a nadie que se preocupe por mí, pero el que lo hace sinceramente (obviamente) va a tener mi lealtad (y sí, llámenme en esto elitista egocéntrico, mi lealtad y confianza no pienso dársela a cualquiera como hacen muchos). Y la lealtad es diferente del trato amable, que no se lo niego a nadie pero tampoco se lo otorgo al primero que veo. En algo tenía que tener ambición, y es precisamente en no conformarme con lo que se presenta, sino buscar lo sublime en las relaciones humanas, aunque eso signifique no salir de fiesta y quedarme con dos o tres amigos que saben lo que pienso y como me siento todos los días. Aunque signifique tener pocos amigos y no cien mil en la lista de las redes sociales con cientos de visitas en los perfiles todos los días (hace mucho que eso de la cantidad dejó de importarme por encima de la calidad) Y poder decir lo que creo sin verme presionado por sentimientos de grupo y si no quiero hacer algo, no lo hago y se me comprende. (o se intenta comprender)

Para lealtades de boquilla, que se busquen a los que van de maduros. Yo sintiéndolo mucho (en realidad no lo siento en absoluto) intento no ir de inmaduro, aunque eso no me convierta en ídolo de masas.

Y para lo que es la vida a grandes rasgos y para lo poco que entendemos de ella...bastante tengo con perseguir ambiciones impropias del hombre medio de la sociedad occidental neocapitalista del siglo XXI.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Avísame cuando todo pase

El bar estaba casi cerrado. Pero a este tipo eso no le importaba. Ventajas de conocer al dueño.

Flint atravesó el umbral y recibió la calidez del interior con gratitud. Su habitual interlocutor lo esperaba en el sitio de siempre. Y el tabernero leía las esquelas del periódico del pueblo con fingida preocupación. Lo saludó con un ademán. Era el comienzo de la "hora alegre". Flint atravesó la estancia y se sentó en el sofá de cuero anaranjado, justo enfrente del único cliente de la noche.

- Una buena noche para trasnochar, ¿no, Flint?

- Tú lo has dicho, Harris.

Los dos hombres rondaban la cincuentena. Sin nada que perder, sin nada que ofrecer.

- A estas alturas ya sólo encontramos alivio en una taza caliente. - dijo Harris, cabizbajo.

- Lo curioso es que siempre fue así. Pero tardamos cincuenta años en darnos cuenta.

- ¿Qué dices? Hubo tiempos mejores. Días en los que creíamos que la vida era un misterio y que a la vuelta de la esquina podría esperarnos alguna aventura.

- Claro, pero no por ello íbamos a encontrarlas.

- No lo hicimos. Tampoco buscamos con demasiada ilusión, Flint.

- El tabernero, que mira esquelas a estas horas, es más alegre que nosotros. Todo el mundo lo sabe, por eso nos han acabado dejando de lado.

- ¿Por ser realistas, o por ser sinceros?

- Por no ser buenos actores. Hipócritas...

Harris soltó una carcajada, recordando algo. - ¿Te acuerdas de Leora? No hacia más que criticar al panadero, ponerlo verde a sus espaldas.

- Y luego era la primera que le reía las gracias por las mañanas. Sí. Quizá ese fue nuestro problema, Harris. Nosotros no aguantamos nunca las bromas estúpidas del panadero.

- Y nunca compramos pan...

- ¿Es eso perderse las oportunidades? ¿Darle la espalda a lo que no te gusta aunque con eso pierdas posibles beneficios?

- No creo que sea mejor que la dignidad o mantener los valores.

- ¿Valores? ¿Adónde nos han llevado nuestros valores, Harris? Nadie ha conocido nuestros valores. Sólo vieron en nosotros a dos tacaños insulsos de cara mustia y sin nada que aportar.

- Teníamos cosas que aportar. El problema era que a ellos no les interesaban nuestras aportaciones.

- Ni a nosotros las suyas. Una pena que no encontrásemos a más como nosotros.

- Ese fue nuestro fallo, Flint. En cualquier caso, no me quejo de eso.

- No nos enseñaron de pequeños a afrontar la realidad de las relaciones humanas. Tanto esfuerzo por ser aceptado, por ser parte del grupo. ¿Y para qué? Nada de eso es real, es azar, es necesidad, es falsedad. Siempre he preferido andar solo a tener que fingir ser lo que no soy.

- Pero eso es luchar contra tu propia naturaleza. Todos al final nos movemos en lo falso.

- Quizá por eso me cuesta dormir por las noches, preguntándome si podré volver a ser transparente al día siguiente.

- Lo gracioso, Flint, es que un día fuiste el más popular de todos. ¿No te acuerdas? Tú los conocías a todos, los presentaste entre ellos. Todos eran tus amigos. Cuando quedabais, siempre andabas presente.

- Sí...Pero todo acaba.

- Recuerdo lo que me dijiste ese último día.

- ¿Qué dije?

- Estabas enfadado, cómo harto de todo. Yo era el único con el que te sincerabas, con los demás sólo sonreías. Esos días ya ni siquiera te esforzabas en sonreír. Y yo me di cuenta. Dijiste que ya apenas te preguntaban que tal estabas. No te daban palmadas en la espalda ni te contaban intimidades. Dijiste que ni se esforzaban en buscar planes y siempre acababas formándolos tú, sin que te aportaran nada. Me dijiste: Avísame cuando todo pase.

- Ah, es cierto...Pero no acabó, más bien empeoró.

- Ni siquiera hoy entendemos que pasó. Todos unidos un día, todos separados al siguiente. Se esfumó, tal cual. Sin suavizarlo, sin despedidas. Tajante.


- Como la muerte. Viene y acaba con todo, sin más. Así pasan las cosas fuera de los libros.

- Mi padre me decía cuando era niño que tenía que salir más a la calle y divertirme. Pero si salía los demás niños del barrio me pegaban o se burlaban de mí por mi nariz larga. Al final me divertía, pegándome con los que se metían conmigo. No era lo que yo o mi padre teníamos pensado.

- Así nos hicimos amigos. Me pegaste un buen puñetazo en la cara.

- Querias que te avisara cuando todo pasase. Creo que todo ha pasado. Pero hasta yo he dejado de leer el periódico por miedo a las esquelas que pueda encontrar.

- Yo quemo el periódico directamente. Es la única locura que me permito hacer ya.


- Es posible que eso fuera lo que nos faltó, Flint.

- ¿Quemarlo todo? - preguntó Flint riendo.

- Hacer más locuras

- En eso estoy de acuerdo, Harris. ¿Crees que es tarde para remediarlo?

- Aún no son ni las dos.

- Avísame cuando sean las tres y nos largamos.


martes, 1 de noviembre de 2011