martes, 20 de diciembre de 2011

martes, 13 de diciembre de 2011

Lo que hacemos con nuestras vidas

Un día me dije que me gustaba eso de escribir. No encuentro realmente la razón que me impulsó a elaborar historias en mi cabeza, a pensar en personajes, a ponerles cara y a crear situaciones entre ellos.

Sí, era un niño flipadillo de pelo cobrizo que se divertía creando castillos con cajas de plástico y jugando a que los playmobil del medievo se enfrentaban a figuras caricaturescas de los jugadores del sevilla de la época, convertidos en seguratas de un cuartel inspirado en alguna película o videojuego. Fantasía hasta el límite. Y mi madre se echaba las manos a la cabeza cuando entraba en el salón y veía como lo había convertido en un campo de batalla con varios castillos y fortalezas sobre las mesas, el sofá o hasta el televisor.

Más tarde cambié los muñecos por la mente, sin limitación alguna, dejando fluir las ideas. Todo estaba permitido.

Sigue gustándome eso de escribir. Ese significado intrínseco arrancado del alma. Los sentimientos cristalizados de una persona que vive en un contexto determinado. Los pensamientos existenciales e irracionales de los que aparecen un día en el mundo, confusos y obligados a aceptar la realidad que nos imponen a través de los sentidos...

Pero ahora me gustaría pararme a reflexionar y a pensar en lo que hacemos con nuestras vidas. Los caminos que tomamos, lo que aprendemos y la gente con la que lo hacemos.

Me preocupa mucho el futuro y quiero que deje de preocuparme lo que piensen los demás. Abandonar a ese crio escurridizo, al adolescente pasota, evolucionar al adulto responsable. Ese que ya ha comprendido que no se puede ir por la vida clavando puñales y vistiendo falsas sonrisas, asegurando dogmas o prometíendose cosas para envalentonarse si luego no cumple con su propio criterio.

Lo que importa es el equilibrio, ese concepto sublime en el que se alcanza una verdadera justicia, sin negros enjuiciamientos cargados de rencor y resentimiento personal ni frías y vacias sentencias de rigurosa potestad, imposición dictatorial y falta de flexibilidad.

Y uno se pone a hacer recuento general, de lo que pasa alrededor, entre la gente cercana, entre amigos y compañeros, entre parejas y personas confrontadas, para luego sacar una síntesis de polvo y humareda. Lo que yo pueda escribir acabo tomándomelo como una especie de poesia experimental, una época, un pronto, una etapa. No tiene mayor importancia, salvo ese peculiar valor sentimental, como el que se otorga a una reliquia que un día encuentra apartada en el desván, todo te viene de golpe, y te ries y te deprimes y recuerdas.

Al final lo unico que queda es el recuerdo, el buen recuerdo. Las cosas empiezan y acaban, es la dualidad de todo ente, de toda premisa, de todo símbolo, de todo sistema. Es el mismo límite de ese único concepto que se puede tomar como verdadero, la existencia.

Se dirá mucho o no se dirá nada. Se encasillarán las actitudes o se impondrán los sentimientos. Se acudirá a la libertad o al orden. Palabras, tan intensas y tan etéreas. Marcan y desmarcan. Pueden perseguirte toda la vida. Pero no pueden ayudarte a ser perfecto. Una pena.


Quizá va siendo hora de acabar con ciertas etapas, de renovarse y avanzar. Todo tiene su momento, su razón de ser, su necesidad. Y es posible que este blog ya haya dejado de funcionar de esa forma. Va siendo hora del cierre, del season finale, de la última escena. Y que el peso que lastro con él se libere para dejar paso a nuevos mundos. Y algún día, mi yo del futuro se reencontrará con este yo actual, me pegará dos tortazos y se echará a reir. Y se alegrará de que decidiera escribir todo lo que hay aquí. Porque para él va dedicado todo esto, para él y para todos los que me crean importantes en sus vidas, hoy y mañana.

Plus ultra...

martes, 6 de diciembre de 2011

Suavidad

Leve. Se siente una brisa leve. Inunda plácidamente cada poro, ¿para qué resistirse? Es de sabios rectificar, y en este caso problemas se retuercen y disgregan en una carcajada fácil. Se respira, y se concentra, y se relaja...

Leve. Se siente un susurro leve. Y suavemente te dejas arrastrar. No existen fronteras, ni gritos, ni asuntos que agiten el alma. No si desatas las cuerdas y acabas con los límites.

Leve. Se siente una caricia leve. No hay nada que preguntarse, porque las dudas son de sencilla resolución. Tenemos las respuestas en nuestras narices, los actos mismos sellan realidades. Esta es mi realidad.

Leve. Se siente una sonrisa leve. Suficiente para que todo lo demás desaparezca. Ya empiezo a comprender que nada más me podría importar.

Con la misma suavidad cierro la boca y el tiempo fluye..............siguiendo...........en silencio...........
Suavemente. Hasta el final. El del silencio, y es lo único que importa. Que alguien te saque del silencio. ¿Quíen? Quien quiera. Porque tú solo luchas por no silenciar a otros.

Leve. El mundo debería funcionar de forma más leve. Un baile lento que te permita disfrutar dulcemente cada segundo, que se dilate entre la calidez y la paz. Las personas deberían disfrutar más del espacio y menos del tiempo. Y no hay excusas que valgan. Mi silencio no desaparece por excusas, ni exigencias, ni prepotencias, ni órdenes, ni amenazas, ni persuasiones, ni sobornos, ni falsos caramelos.

Leve. Se siente una mirada leve. Suficiente para todo, necesario para sentirse vivo. Que le den a las coreografías y a las defensas, a los cánones y a la ambición inconmensurable. Se puede vivir con una mirada que te derrita todas las mañanas. Diablos que sí, en eso reside la gloria.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Mañana será otro día

Es psoible que las palabras duras escritas en blanco sobre fondo negro produzcan una inevitable sensación de "negatividad". Pero nada más lejos de la realidad. Es posible que influya el propio estado de ánimo del "lector" para imbuir cierto dramatismo a lo que se lee. Pero ahí va la sentencia: no todo lo que se escribe con afán de mostrar una verdad pensada o creida por un sujeto, por muy negativo o pesimista que suene, busca precisamente ahogar penas o destemplar gritos de angustia.

Porque no creo que exista ningún primer paso mejor para llegar a la felicidad que admitir que te vas a morir tarde o temprano. Tampoco puedes pretender cambiar el mundo a tu imagen y semejanza, pretender que todos piensen lo mismo que tú o pretender ser el puto amo del universo, sentencia que he oido alguna que otra vez, no es que intente ser metafórico.

Te digo también que no todo el sarcasmo busca ser cínico o sonar con voz grave o enfadada. He aquí mi propuesta optimista, no la denuncia ante algo que quiero cambiar sino ante algo que es y parece que nadie está dispuesto a tratar. Y es importante indagar en ese Preconsciente de las cosas que sabemos que existen pero de las que no queremos saber nada.

Evitar un problema no ayuda. Ser optimista o positivo no es huir de los problemas. No es prohibir la discusión o la reflexión sobre lo que nos perturba, sobre las palabras que se ahogan en nuestra mente, cada una de ellas clavándose en el cerebro.

No podemos, en definitiva, dejar que nuestras existencias vaguen arrastradas por una corriente de comodidad y autocompasión. No podemos dejar que nadie decida por nosotros que hacemos o queremos, no podemos limitar nuestra razón de ser a un cúmulo de situaciones que aprisionen nuestro talento y nuestros objetivos.

Ser optimista es ser consciente de ese gran muro que tienes delante de la jeta y empezar a construir una escalera para superarlo. Tardarás, claro que tardarás...Y sacrificarás otras tantas cosas. Lo que hay que tener claro es si estas dispuesto a pagar el precio de alcanzar ese objetivo cumbre de tu vida. Y más importante aún, si estas dispuesto a hacer lo que debes hacer para ser feliz.

Y no dejar que nadie te diga lo que puedes o no hacer, ni dejar que te manipulen, que nada te convierta en dependiente, que nada te impida ser como quieres.

Cuando estamos solos solemos hacer recuento de nuestro día a día, analizamos lo que hemos hecho y nos damos cuenta de todas las decisiones que tomamos de forma inconsciente o incluso automática. Si eres optimista, seguirás esforzándote en tomar las riendas de tus acciones y lograr que el día se convierta en lo que quieras hacer de él, mirar atrás y no decir que has estado perdiendo el tiempo.

Posiblemente mañana será otro día, diria el optimista de la conformidad. Pero a menos que aprendas a disfrutar del hoy, aunque no veas absolutamente nada a causa de una lluvia torrencial y la niebla más espesa, no habrá mañana que te salve. Y lo digo desde el positivismo más absoluto del que está dispuesto a alcanzar sus objetivos, aunque los consiga al cumplir los 110 años...

lunes, 21 de noviembre de 2011

Oveja negra

¿Por qué nadie me dijo cuando era pequeño que era realmente eso de hacerse adulto? Es posible que ni los adultos de entonces lo entendieran. O es posible que fuera imposible predecir como iba a cambiar el asunto.

Me decido por la segunda opción al menos en el caso de mis padres. Ambos serios, maduros, agradables, sinceros (a veces demasiado) y honrados. Dos ejemplos de lo que hoy podría decirse escasea en la sociedad. Al menos en la que me atañe de forma más directa (lo que viene siendo mi generación). Bueno, en realidad el espectro se expande mucho más. (¿He dicho mi generación? Acabo de recordar a un padre que trataba de colega a su hijo...No es sólo una generación)

Mirarlo desde el propio germen te hace ser consciente. Desde la enfermedad, de un conflicto constante entre eso que denominamos madurez y lo contrario. La complejidad de la determinación de un concepto viene incluso ligada a la propia vanidad, y ni el conocimiento es tan bueno ni la pasividad tan mala.

¿Asociamos pues la madurez a la riqueza cultural y a la entrecomillada inteligencia de los que saben mucho? Depende de que es lo que sabes (o crees saber) No es maduro el que presume de logros o de vanagloriarse en la burla por almacenar entre sus archivos temporales el nombre de una capital que deberían conocer todos.

¿Es maduro el que encuentra trabajo o una pareja estable? No es maduro si el miedo ahoga a la personalidad y doblega la voluntad arrastrándonos a situaciones que en fondo no deseamos.

¿Es maduro el que se pasa las horas conectado enfrente de un ordenador publicando sus ocurrencias en Facebook o en ese nuevo fenómeno (que cuando nadie lo conocía yo tildaba ya de estúpido) llamado Twitter? Yo tengo Twitter (y, oh si, he publicado gilipolleces como todo el mundo, pero no todo el tiempo...) y de vez en cuando encuentro enlaces curiosos y mensajes dignos de ser leídos, pero no es lo que diría yo que abunda. (Será que todo el mundo lo usa y por eso hay que apuntarse a la tendencia) No es maduro si te dedicas a comentar chorradas que no ayudan a nadie y menos a tí mismo, o si hablas de cosas sin realmente entenderlas. (¿Quien entiende nada realmente?)


¿Es maduro el que critica y denuncia lo que cree injusto? Teniendo en cuenta que nacemos bajo el signo de la subjetividad y la necesidad instintiva, cada vez creo más en que no es así. Porque para unos es injusto lo que para otros es habitual o lógico en sus vidas. Pensamos que algo es verdad y por ello insultamos o marginamos a los que creen lo contrario (Por mucho que se diga que existe la tolerancia y la libertad) Nos quejamos (manifestación más primitiva de la inmadurez, por si no lo sabias) y lloriqueamos porque la gente hace esto, o dice esto y no otra cosa, vamos de dignos y de entendidos como si no la cagáramos continuamente (Que levante la mano quien no la caga ya diariamente, para tacharlo directamente de fantasma) No es maduro ir pasando por foros riéndose de los otros, respaldados por la comodidad del ciberinsulto cómodo y cobarde o avanzar en la facilidad de la crítica de lo que "me gusta o no me gusta" sin admitir que hay gente que se esfuerza y que intenta hacer cosas aunque cometa errores.


Cuando era niño pensaba que quería ser mayor para dejar de vérmelas con niñatos tocapelotas que se metían contigo para divertirse. Y de lo que ha servido...No es maduro el que crece. Y muchos niños de veintitantos años estoy harto de ver. (Entre los que me incluyo en ciertos aspectos. ¿No ves todo lo que me quejo?)

Pero luego yo soy la oveja negra que no sabe aguantar bromas (o ya para deshumanizarme aún más, divertirse). Perdón si creo que existen mejores formas de divertirse o que prefiero otras a las que utiliza la mayoría de la estirpe de jóvenes universitarios. Disculpen si no veo divertido o de buen gusto usar cada dos por tres el lenguaje obsceno porque es el humor más directo y primitivo (aparte de fácil, simple y desde hace mucho nada original) Disculpen si soy un tipo al que de vez en cuando alguien (dos o tres que no me ven el pelo en meses) se sorprende en ver porque ha salido de fiesta (si ya de por sí me siento mal dejándome llevar por la cultura del asqueroso discotequeo) No voy a pedir disculpas (y lo de antes era sarcasmo, otro signo de inmadurez en menor medida) por no querer gastarme la pasta "que ni siquiera me he ganado yo" en alcohol (o en dejarme estafar para entrar en un garito) para a ver si con eso se produce una intervención divina y echo un polvo (algunos directamente esperan a que una borracha baje el listón o en lastimosa esperanza, que se dejen tocar el culo) Luego hay tíos que me cuentan abochornados que se han liado con una tía feísima tan sólo por...¿El qué? ¿Algo de calor humano?

No. No pido disculpas por intentar no ser débil. (E incluso inmaduro, que cuesta lo mismo o más) Quizás en mi intento rechazo al del llanto fácil y que luego va de subido con la misma facilidad. Lo rechazo porque no quiero ser así. No dejar que las emociones nublen el juicio y acaben con el sentido común. No prometer algo que a los dos días dejo de cumplir. (Para eso mejor no decir nada) Y ser consciente de mis fragilidades y mis limitaciones de cara a lo cotidiano (no se puede tener todo ni ser amigo de todo el mundo, por lo tanto hay que elegir y eso no es fácil, aunque duela y nos regocijemos en la ilusión del "lo quiero todo")

Y me da igual decir las cosas como las pienso (si a alguien le molesta, que sepa que soy el primero al que le escuecen sus propias palabras), bastante es que me falta el aire por no decir muchas cosas a la cara con tal de no hacer daño a la gente (vaya, resulta que voy a tener un mínimo de sentimientos y todo - más sarcasmo de idiota) Por eso a veces mi mejor amigo es el silencio (por suerte no siempre, no me vayan a tachar de pobrecito) Y la cobardía supera a la valentía en un "muérdetelalengua" de lo políticamente correcto. (Con pocos puedo hablar de estar en desacuerdo con temas como los trasplantes de órganos sin que me quieran tirar lo más pesado que tengan a mano a la cabeza, exceptuando como siempre a mi padre) Muchas veces me gustaría preguntar por temas delicados para remover consciencias, pero no es que a todo el mundo le guste hablar de su mierda...no espera, a nadie le gusta.

Para muchos soy como una oveja rara y negra que pasa de todo. Pero no es que pase de todo. Tan solo paso de lo que no considero que me aporta nada. No intento exigir nada a nadie, ni siquiera me quejo personalmente ante lo que otros hacen o dejan de hacer. (Que no significa que esté de acuerdo con todo, valga lo dicho en toda esta maldita entrada) Cada uno con sus actos, y si me quieres en tu lista de contactos o incluso quieres mi opinión, adelante, yo que me alegro. Pero no me exijas que sea tu amigo si tú no te esfuerzas en ser el mío. Me dejaré llevar por lo que sea, pero a la hora de elegir siempre me rindo ante lo que me hace sentir cómodo en la rabiosa actualidad (aunque sea salir con una sola persona, que se puede hacer) y no por ciegos y desfasados cultos al concepto de "grupo". No exigiré a nadie que se preocupe por mí, pero el que lo hace sinceramente (obviamente) va a tener mi lealtad (y sí, llámenme en esto elitista egocéntrico, mi lealtad y confianza no pienso dársela a cualquiera como hacen muchos). Y la lealtad es diferente del trato amable, que no se lo niego a nadie pero tampoco se lo otorgo al primero que veo. En algo tenía que tener ambición, y es precisamente en no conformarme con lo que se presenta, sino buscar lo sublime en las relaciones humanas, aunque eso signifique no salir de fiesta y quedarme con dos o tres amigos que saben lo que pienso y como me siento todos los días. Aunque signifique tener pocos amigos y no cien mil en la lista de las redes sociales con cientos de visitas en los perfiles todos los días (hace mucho que eso de la cantidad dejó de importarme por encima de la calidad) Y poder decir lo que creo sin verme presionado por sentimientos de grupo y si no quiero hacer algo, no lo hago y se me comprende. (o se intenta comprender)

Para lealtades de boquilla, que se busquen a los que van de maduros. Yo sintiéndolo mucho (en realidad no lo siento en absoluto) intento no ir de inmaduro, aunque eso no me convierta en ídolo de masas.

Y para lo que es la vida a grandes rasgos y para lo poco que entendemos de ella...bastante tengo con perseguir ambiciones impropias del hombre medio de la sociedad occidental neocapitalista del siglo XXI.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Avísame cuando todo pase

El bar estaba casi cerrado. Pero a este tipo eso no le importaba. Ventajas de conocer al dueño.

Flint atravesó el umbral y recibió la calidez del interior con gratitud. Su habitual interlocutor lo esperaba en el sitio de siempre. Y el tabernero leía las esquelas del periódico del pueblo con fingida preocupación. Lo saludó con un ademán. Era el comienzo de la "hora alegre". Flint atravesó la estancia y se sentó en el sofá de cuero anaranjado, justo enfrente del único cliente de la noche.

- Una buena noche para trasnochar, ¿no, Flint?

- Tú lo has dicho, Harris.

Los dos hombres rondaban la cincuentena. Sin nada que perder, sin nada que ofrecer.

- A estas alturas ya sólo encontramos alivio en una taza caliente. - dijo Harris, cabizbajo.

- Lo curioso es que siempre fue así. Pero tardamos cincuenta años en darnos cuenta.

- ¿Qué dices? Hubo tiempos mejores. Días en los que creíamos que la vida era un misterio y que a la vuelta de la esquina podría esperarnos alguna aventura.

- Claro, pero no por ello íbamos a encontrarlas.

- No lo hicimos. Tampoco buscamos con demasiada ilusión, Flint.

- El tabernero, que mira esquelas a estas horas, es más alegre que nosotros. Todo el mundo lo sabe, por eso nos han acabado dejando de lado.

- ¿Por ser realistas, o por ser sinceros?

- Por no ser buenos actores. Hipócritas...

Harris soltó una carcajada, recordando algo. - ¿Te acuerdas de Leora? No hacia más que criticar al panadero, ponerlo verde a sus espaldas.

- Y luego era la primera que le reía las gracias por las mañanas. Sí. Quizá ese fue nuestro problema, Harris. Nosotros no aguantamos nunca las bromas estúpidas del panadero.

- Y nunca compramos pan...

- ¿Es eso perderse las oportunidades? ¿Darle la espalda a lo que no te gusta aunque con eso pierdas posibles beneficios?

- No creo que sea mejor que la dignidad o mantener los valores.

- ¿Valores? ¿Adónde nos han llevado nuestros valores, Harris? Nadie ha conocido nuestros valores. Sólo vieron en nosotros a dos tacaños insulsos de cara mustia y sin nada que aportar.

- Teníamos cosas que aportar. El problema era que a ellos no les interesaban nuestras aportaciones.

- Ni a nosotros las suyas. Una pena que no encontrásemos a más como nosotros.

- Ese fue nuestro fallo, Flint. En cualquier caso, no me quejo de eso.

- No nos enseñaron de pequeños a afrontar la realidad de las relaciones humanas. Tanto esfuerzo por ser aceptado, por ser parte del grupo. ¿Y para qué? Nada de eso es real, es azar, es necesidad, es falsedad. Siempre he preferido andar solo a tener que fingir ser lo que no soy.

- Pero eso es luchar contra tu propia naturaleza. Todos al final nos movemos en lo falso.

- Quizá por eso me cuesta dormir por las noches, preguntándome si podré volver a ser transparente al día siguiente.

- Lo gracioso, Flint, es que un día fuiste el más popular de todos. ¿No te acuerdas? Tú los conocías a todos, los presentaste entre ellos. Todos eran tus amigos. Cuando quedabais, siempre andabas presente.

- Sí...Pero todo acaba.

- Recuerdo lo que me dijiste ese último día.

- ¿Qué dije?

- Estabas enfadado, cómo harto de todo. Yo era el único con el que te sincerabas, con los demás sólo sonreías. Esos días ya ni siquiera te esforzabas en sonreír. Y yo me di cuenta. Dijiste que ya apenas te preguntaban que tal estabas. No te daban palmadas en la espalda ni te contaban intimidades. Dijiste que ni se esforzaban en buscar planes y siempre acababas formándolos tú, sin que te aportaran nada. Me dijiste: Avísame cuando todo pase.

- Ah, es cierto...Pero no acabó, más bien empeoró.

- Ni siquiera hoy entendemos que pasó. Todos unidos un día, todos separados al siguiente. Se esfumó, tal cual. Sin suavizarlo, sin despedidas. Tajante.


- Como la muerte. Viene y acaba con todo, sin más. Así pasan las cosas fuera de los libros.

- Mi padre me decía cuando era niño que tenía que salir más a la calle y divertirme. Pero si salía los demás niños del barrio me pegaban o se burlaban de mí por mi nariz larga. Al final me divertía, pegándome con los que se metían conmigo. No era lo que yo o mi padre teníamos pensado.

- Así nos hicimos amigos. Me pegaste un buen puñetazo en la cara.

- Querias que te avisara cuando todo pasase. Creo que todo ha pasado. Pero hasta yo he dejado de leer el periódico por miedo a las esquelas que pueda encontrar.

- Yo quemo el periódico directamente. Es la única locura que me permito hacer ya.


- Es posible que eso fuera lo que nos faltó, Flint.

- ¿Quemarlo todo? - preguntó Flint riendo.

- Hacer más locuras

- En eso estoy de acuerdo, Harris. ¿Crees que es tarde para remediarlo?

- Aún no son ni las dos.

- Avísame cuando sean las tres y nos largamos.


martes, 1 de noviembre de 2011

sábado, 22 de octubre de 2011

El final de los cielos

Para que el agua fluya tan sólo es necesario abrir un resquicio. Puede ser pequeño, y el agua saldrá despacio. Pero lo hará, y eso es innegable.

Si es pequeño, al principio no te das cuenta. Aunque a medida que sale, el hoyo se hace más grande. Y de repente estás atrapado.

No recuerdo el final de los cielos.

Si recuerdo el principio.

Agua que ya se ha solidificado en hielo destemplado. Todo para que del nuevo sólido vuelva a salir líquido un nuevo día. Es la fórmula de esta nuestra dulce vida, basada en ciclos, en cambios, en sorpresas.

Podría definir mi situación tan sólo con un ligero balance desde el año pasado hasta hoy, y entenderías quien soy. Pero desde luego que de todo eso me quedo con mi última racha.

He podido ver resurgir esa vaga esperanza de nuevo. Llámalo sino una humilde e ingenua sensación que ha conseguido que olvide el último cielo por momentos.

He podido experimentar el ligero miedo de saber que este es el último año de facultad.

He visto pasar a unos cuantos fantasmas, y he conocido a otros nuevos candidatos a serlo. Algunos más diablos que otros. Muchas risas de por medio.

He sufrido la fiebre a las puertas de un año más en mi piel. Me quedé con un curioso recuerdo en forma de derrame. Ha dado paso a demasiadas metáforas.

He sido testigo de un hecho poco usual, de como una persona que no conoces puede sentarte a desayunar contigo porque sí. (y además, dos veces)

He sufrido un dolor insoportable durante tres horas y media, previa entrada por primera vez como ingresado en el hospital. Cólico nefrítico, lo llamaban. Dos semanas después, aún sufro réplicas y ecos de aquel primer cólico.

He sido engatusado para meterme en una empresa de estructura piramidal (cosa ilegal) Impregnado de cierta ilusión, me vi casi con un pie dentro. Por suerte, mi padre volvió a darme un buen consejo. Y de paso descubrí algo increíble. También ha servido para ayudar a un amigo.

Por segunda vez, confesé el problema con ese último cielo. Me ayudó a ver el final.

Y me reí con una tontería en forma de servilleta pintada. Y ella también se reía.



Ahora mismo me duele todo el cuerpo. Pinchazos y retazos de un pasado que aunque pese, alumbra. Y al mirar hacia delante, no puedo evitar una leve sonrisa de alivio, a pesar de no esperar oportunidades ni ciertas sorpresas. En el fondo tampoco las busco.

Aunque...bueno, aún queda eso...


Mi moraleja de hoy es simple. Al igual que uno se acostumbra al dolor de un cólico que dura varias semanas, también te acostumbras al final de los cielos.

Bien, eso y que curiosamente nunca me enamoro de las rubias...


jueves, 13 de octubre de 2011

Acuarela de almas

¿Sabes? A veces pienso que pinto con las manos desnudas sin saber muy bien el qué. Una aparente fuerza invisible me mueve esbozando pinceladas violetas y verdes en direcciones que no creo entender.

A la vez aplico puntos rojos que borren sentimientos ocultos. Borrarlos...más bien los ocultan de forma parcial. Y me enfoco en las otras tonalidades, sólo para evitar un dolor que no es físico ni explicable. Una carencia concreta, incapaz de reemplazarse con nada. Absolutamente nada.

De repente me pica la curiosidad del amarillo en líneas rectas y suaves. Sigo sin controlar muy bien mi creación.

Seguramente no entiendas muy bien lo que ves pintado. Que no te extrañe...

Pero no te preocupes, tengo fe.

El amasijo empieza a parecer arcilla de colores que manipulo sin parar. Y la pintura sale del cuadro, aspira a ser una escultura. ¿De dónde saco esta ilusión, aún cuando carezco de destreza para ofrecer algo precioso?

La práctica hace al escultor. Pero ya guardo demasiadas muñecas feas en el desván.

Y poco después de terminar una, vuelve de nuevo la inspiración. Musas no faltan. Y vuelvo a pintar, sin saber muy bien el qué. Nuevos colores y una temblorosa mano como viejo pincel.

Jamás me faltará la curiosidad, por suerte. Aunque haya sentimientos que nunca se borren por mucho que pintes encima...

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Espejo

Reflexiones...abren la mollera y vuelven a llenarte de dudas. ¿Qué puedes creer cómo correcto si no lo que más te conviene? Mucha dignidad de cara a las situaciones, pero el tema se vuelve delicado cuando nos toca el hombro.

Juzgamos con alma impersonal una situación desde fuera. Un tipo que contesta mal, una crítica dura, un gesto irrespetuoso.

Luego olvidamos que nosotros también estamos inscritos en todo el imaginario. Y te paras a pensar que muchas cosas que has criticado han pasado por tu listado de acciones. Y lo justificamos: "Es que...esto es diferente..."

Claro que es diferente. Toda situación tiene un contexto, soporta una carga de varios detalles que acaban solidificándose. Precisamente para que la carga sea más llevadera.

Luego, ¿podríamos aceptar una crítica a nuestro modo de vida? ¿Cómo dejar que nadie meta sus narices en una vida que guarda millones de vivencias que la convierte en una incógnita eterna para todos menos para el que la sufre?

Algunos dirán que se repiten esquemas, y que el ser humano siempre tiende a coger el camino más corto. No siempre es así, por supuesto.

Todos elegimos que hacer en cada momento, y según nuestras creencias y opiniones puntuales una decisión puede tornarse en la contraria en dos momentos diferentes de la misma vida. ¿De qué puedes fiarte entonces?

Es tan fácil como mirarse al espejo. Sin engaños. Repasar lo que ya sabes. Y no buscar excusas que respalden la comodidad de ciertas acciones. Es importante ser consciente (admitir) de lo que uno es.

Pero no estamos hechos para llevar una carga así. No al menos sin derrumbarnos.

A veces somos conscientes, pero no hablamos de las verdades. Otras veces nos indignamos y echamos tierra por encima del espejo. (Y nos creamos el reflejo que preferimos ver)

Y para respaldar nuestros propios retratos (espejos convertidos en cuadros), incidimos en los espejos de los demás. "Qué alivio ver que existe alguíen que vive una situación peor que la mía". Así nuestros espejos parecen hasta brillantes en comparación. Y nos alegramos, abandonamos el tema y nos conformamos de nuevo.

En vez de arreglar las fisuras que no queremos ver.

Hoy he leido un artículo que levanta ampollas. En sí mismo es incorrecto, pero trata un tema fundamental que no se debería pasar por alto.

Hasta que punto nos evadimos de la realidad a través de la cultura. A través de la literatura, del cine, de los videojuegos, de las series, de la televisión, de nuestra imaginación. Todo lo que deja en pañales el guión de lo real y nos convierte a las personas en pésimos actores. O actores poco graciosos para entretener. O poco dramáticos para emocionar. ¿Por qué demonios se da la situación de que un grupo de jóvenes universitarios esté reunido sin saber que decir? ¿No hay nada que decir? Hablemos de futbol, de chistes, de bromas típicas de la televisión...Para que hablar de nuestras inquietudes o nuestras preocupaciones cotidianas. Para que manisfestar interés verdadero en vez de echar el rato para divertirse. Para que preocuparse en los sentimientos de los demás si estos no se preocupan por los nuestros.

Tanta interacción...¿qué interacción?

Ahora deja de hablar el que reflexiona y habla el reflejo. ¿Serían las cosas diferentes en un mundo sin el entretenimiento encantador que ofrecen las múltiples formas de la cultura?

No es ese el problema...Somos seres de vicios y abusos. No podemos evitar sufrir. Queremos el placer, sentirnos bien, ser felices. Y esa es una lucha continua en contra de nuestras circunstancias y de todo lo que nos rodea. Necesitamos evasión. Pero no podemos convertir la evasión en un objetivo.

Yo reconozco dejarme llevar demasiado por la evasión en ciertas ocasiones ante una realidad que me descoloca y me confunde. Pero hay que confrontar los problemas, aceptar los debates, hay que reflexionar. E intentar cambiar todo lo que no nos gusta, recordando siempre que los fines no justifican ciertos actos.

El artículo que mencioné antes no tiene en cuenta toda la serie de elementos artísticos que se sustentan detrás de ciertos productos de entretenimiento. Por supuesto que existe mucha historia vacia que sólo busca hacer dinero fácil. Pero también existen obras impregnadas en filosofia, crítica constructiva, reflexión moral y denuncia social.

Lo que nos falta es sacar todo eso y trasladarlo al otro lado. Al otro lado del espejo, allí donde todo se percibe a simple vista...


viernes, 16 de septiembre de 2011

Cambio de rumbo

El tiempo se ha deformado en una sonrisa amarga y vacía. Estribor o babor, no importa. El barco sigue hundiéndose.

El timón balbucea incoherencias y el vigia anda borracho en alguna parte. Sólo quedo yo y una gaviota que vino a este verdoso mar a morir. Tostado por el sol, me veo en una aventura sin futuro, con sabor a sal y ácido, la mirada perdida en el ámbarino cielo.

Que rumbo tomar...no es siquiera una especie de pregunta.
Las lágrimas quedaron cristalizadas en un pasado sin camino.
Un pasado con rumbo incierto. Un barco feo y cochambroso que cruje al mínimo movimiento de la marea.
Los últimos aleteos de la gaviota y el silencio de la alta mar.


Ahora retumban los tambores lejanos que mueven el viento, impulsándolo con rabia para cambiar el rumbo. Las velas grises y rotas se agitan sin fuerza, movidas fácilmente por pura inercia. Y el rumbo cambia.

Cierro los ojos y ni siquiera escucho como la gaviota cae en picado para hundirse en el vidrioso líquido.

Y cuando los abro, veo tierra a la vista. Un puerto desconocido, en el que nadie nos espera.

Silencio infinito. Ojalá se choque esta reliquia y se haga añicos. El lugar da igual, mientras no se vaya el ácido de mis labios. Queda mucha redención por delante, mucha patraña que sacar de la cabeza. Aunque muchas cosas no cambien, quizá cambie el barco. Y los tripulantes. Me vendría muy bien buscar un vigia que no escondiera botellas bajo la almohada. Y un timonel que no fuera un muñeco de paja. Alguien que mantenga el barco limpio, algún tipo con guitarra para que alegre el ambiente.

Y un capitán también. Que dirija al barco y lo saque de la amarga sonrisa congelada en el tiempo.

En fin...por ahora, este puerto no parece mala cosa. Se echará de menos el hogar que dejé. Pero esto tenía que ocurrir.

Porque nada de lo que digan va a ser cierto. Y no hay caminos preestablecidos que te impidan cambiar el rumbo. Todos andamos perdidos en nuestros barcos, pero algunos siguen adelante.

Dejadme atrás, no tengo prisa. Sigue sin gustarme mi barco, asi que voy a probar otro.

Sin prisas...sin mar...

sábado, 3 de septiembre de 2011

martes, 23 de agosto de 2011

Crítica gratuita

Es importante comparar una situación con otra pasada para comprender en que se parecen y en que se diferencian. Por eso mismo es importante la historia, conocer el pasado. Para comprender el presente. Porque las circunstancias condicionan y moldean a las personas. Personas que siempre son iguales, que nacen con las mismas posibilidades y capacidades, pero que se desarrollan de forma completamente diferente segun su contexto. Social, cultural, temporal...Somos espejos de nuestro tiempo y espacio, y eso no se puede evitar. La presión del exterior es constante, agobiante, inevitable. Y por mucho que queramos huir de esa sensación de dependencia, por mucho que pensemos que controlamos nuestras vidas y solo nosotros decidimos lo que hacemos, lo cierto es que es nuestro alrededor lo que nos impulsa a decidir.

Podemos elegir que hacer, millones de posibilidades, millones de respuestas, millones de conclusiones. El entorno limita, pero dentro de ese camino que guia nadie nos dice que no podemos salirnos. Lo que nos mantiene en el camino es el miedo "a otras cosas", a lo que no conocemos y a salir de la comodidad de lo previsible, de lo que podemos controlar. Es el miedo a salir de nuestro cuarto y descubrir un cielo inmenso que es ajeno a nuestra particularidad.

Es algo tan básico como aprehender que somos insignificantes. Y al mismo tiempo valemos algo. Porque existimos, y eso lo tenemos en común con el resto de los seres vivos.

Aún así somos débiles y necesitamos creer que significamos algo. Y que en nuestro mundo particular las cosas van bien, y que nuestro criterio tiene sentido. Creer que somos importantes y que nadie debe pisotearnos. Y eso nos lleva a rechazar, a criticar, a enemistarnos. Medidas defensivas, protección personal.

Durante más de 10 años, me he autoconvencido de que lo mejor era ir a mi bola sin depender de nadie e ir en contra de mis propios sentimientos, los que me acercaban a los demás. Impulsos reprimidos, sonrisas evitadas, muestras de afecto perdidas en el intento. Ni siquiera recuerdo porqué comencé a actuar así. Se convirtió en mi rutina, en lo normal.

Y así comencé a actuar desde "fuera". Como un ente sin voz ni voto, que observaba, que aprendía y juzgaba las actitudes de los demás. Y acabé abstrayéndome hasta tal punto que, sin darme cuenta, dejé de lado mi capacidad de empatizar. De ayudar, de interesarme en los demás.

Y lo que queda es una sensación vacia, la culpabilidad ante algo que debería estar y no. Ahora me miro a mí desde fuera. Y he creido que podía juzgar sin tenerme en cuenta a mi mismo.

En parte lo mismo le pasa a todo el mundo. A ese cuento viene todo esto. Tan acostumbrados estamos a absorber del entorno multimedia experiencias y emociones que creemos que lo hemos visto todo. Películas, libros, canciones, series, anécdotas, videojuegos...Hemos visto morir a miles de personas de forma ficticia. Nos hemos criado con la crítica mordaz de la estupidez humana. Hemos disfrutado como niños de la ternura de las películas de animación. Se nos ha erizado la piel al leer novelas de amor, misterio, intriga y terror. Conocemos lo mejor y lo peor del ser humano gracias al cine. Hemos conocido a mucha gente, "superficialmente", gracias a las redes sociales. Y todo ello ha ayudado a comprendernos a nosotros mismos. Pero seguimos sin hacerlo completamente. Y mientras más absorbemos, más complicado es contentarnos y sorprendernos. Perdemos la ignorancia (relativamente) y creemos saber demasiado, comprender como funcionan las cosas. Y perdemos la ilusión de lo nuevo al creer que lo hemos visto todo.

Y vamos de entendidos. Criticando las cosas desde el punto de vista del que ha visto de todo. La experiencia nos vuelve arrogantes y exigentes, cerrados de mente y duros de mollera. Intolerantes y extasiados con ideas fijas. Porque necesitamos ideas fijas, cierta claridad en el caos.

Pero no existen las ideas fijas, y he tardado en darme cuenta. Somos hipócritas y cambiantes, porque tenemos que cambiar al cambiar nuestro entorno. Porque somos seres adaptativos, nunca perfectos, nunca adecuados, nunca completos.

Me hace gracia observar como la gente discute con omnisciencia, tratando cada palabra con la convicción de estar del lado de la verdad. Defendiendo lo que creen fervientemente, rechazando e incluso menospreciando lo que se sale de sus esquemas. Yo mismo me he comportado así. Es imposible no haberse comportado así. Y ahora pienso que somos imbéciles. Por desprestigiar a otros, por criticar a otros y no señalar lo bueno. Por no ser agradecidos y por no ayudar a mejorar las cosas con soluciones y no con quejas. Por no ser tolerantes y abiertos de miras, intentando dar oportunidades a los que fallan, que somos todos. Por aceptar que vivimos en un mundo competitivo donde nadie va a salvarte si te pierdes por la calle, cuando yo mismo he visto que eso no es verdad. Por tratar a los demas como objetos utilizables, de los que puedes sacar algo sin tener en cuenta como se sienten. Por comportarnos como ególatras super chulos porque no dejamos que nadie se ponga por encima nuestra.

Yo he hecho todo eso, y soy por tanto, un buen imbecil. Pero como todos los imbéciles, puedo aprender de mis errores. Es dificil luchar en contra de la corriente, de los impulsos y del ego. Pero a estas alturas, y viendo lo poco que me ha ayudado ser un egocéntrico ausente, creo que prefiero ser un tolerante activo. De todos modos, seguiré siendo igual de insignificante, igual de humano, igual de imbecil. Pero al menos así a lo mejor encuentro la forma de autodeterminarme y llenar mis vacios interiores. Y algún día recuperar las ganas de ser un humano vulnerable que se divierte respirando y no soñando.

No se trata de prometer lo que no se puede controlar. Se trata de actuar para buscar una suerte de paz espiritual. Despertar un día y sentir que a pesar de vivir en un mundo incomprensible, nosotros seguimos amando la vida y las cosas que son tan insignificantes como nosotros mismos. Y que den igual los galardones y las competiciones fundamentadas en demostrar quien es mejor. Contentarse con iluminar los momentos y progresar por ayudar en la creencia de un mundo mejor, sin pensar en ganar algo a cambio. ¿Individualmente? No conseguiremos mucho. Pero siempre será infinitamente mejor que fomentar conflictos por ver quien lleva la razón. Porque al final nada de eso es relevante.

Y vale, es fácil hablar. Es gratuito. Y lo que digo o escribo puede ir y venir. No tengo ninguna verdad secreta en mi posesión. No soy un sabio ni un salvador con fórmulas para salvar a los hombres. Tan solo busco alcanzar el día en el que pueda mirarme al espejo y decir: Esto es lo que queria ver.

Y eso es lo que buscamos todos. Y el gran fallo que nos lo impide es vivir con la ceguera del orgullo, negando la humildad. La humildad del que no renuncia a ser feliz y con ello se preocupa por los demás antes de en sí mismo. ¿Es eso luchar en contra de la naturaleza? Seguramente.

Pero continuamente luchamos en contra de la naturaleza. Se puede luchar contra ella. Que eso te salga bien es otra cosa. Lo que nos define es actuar e intentarlo. Y vivimos hasta la muerte intentándolo.

Eso es lo que me gusta de la gente. Que intentan luchar en contra de lo que son de forma predefinida con tal de buscar ser lo que quieren ser.

No tendré verdades, todos tenemos opiniones que elegimos para acompañarnos en nuestras acciones. Y seleccionamos nuestras opiniones a medida que avanzamos en la vida. No estamos ni mas cerca ni más lejos de descubrir una verdad absoluta. Tan solo se trata de ser como quieres ser, independientemente de como sean los demás. Y dejar que los demás sean como ellos desean.

Sin criticar como si fuéramos jueces perfectos. De forma gratuita, desprestigiante. Eso es muy fácil. Y al final nos deja solos.

Y yo estoy harto de sentir que estoy solo. Precisamente porque no lo estoy.


domingo, 7 de agosto de 2011

Anhedonia

Desde ahora, y mirando atrás, creo que tengo el fatídico don de equivocarme en ciertas decisiones puntuales. Sobre todo en las que se echan a cara o cruz...

Preguntas de exámenes que se fallan, caminos que no llevan a ninguna parte, acciones que llevo a cabo y que por una razón u otra me pasan factura, y a veces llegando a repetirlas sin darme cuenta. Y no es cuestión de darle eternas vueltas a la cabeza o de actuar por impulsos. Simplemente a veces no soy consciente de cual puede ser el resultado de mis actos.

Precisamente de esto pecamos continuamente. Actuar casi automaticamente sin realizar un balance previo, no prever los pros y los contras.

Despistes, lapsus, la apetencía pura...actuar sin pensar demasiado. A mi me ocurre sobre todo por la noche, cuando pretendo pensar menos para dejar entrar al sueño por la puerta. Y cuando este no viene, hago cosas como ponerme a leer.

Pero al sueño no le vienen bien cosas como leer novelas de niños-asesinos que atacan por las noches.

Y aqui me hallo, en el preludio de otro viaje, incapaz de conciliar el sueño por haber escuchado un ruido parecido a una pelota cayendo.

Y así he empezado a darle vueltas al tema del insomnio. A que hace ya más de un año que soy incapaz de dormir bien por las noches y de descansar correctamente, y que eso me pasa factura en la vida cotidiana.

Me pregunto si eso causa la anhedonia. O si es una de las causas.

La verdad es que es extraño ponerle nombre a tus propios síntomas, a ciertas irregularidades que sufres en momentos determinados. Este síntoma en particular lleva ya demasiado tiempo rondando entre mis venas...

No es constante. Es más bien un lejano susurro que acaricia cada rincón de mi realidad. La envuelve, y la atenaza. Y lo más gracioso es que afecta a todo lo que hago. Y entra el miedo. Miedo a que desmorone todo lo que un día costó conseguir, todo lo que en el fondo se considera importante.

Un día, hace poco, alguien me dijo que era demasiado egoista y que era incapaz de reaccionar hacia los demás. En parte, y actualmente hablando, tiene razón. Me cuesta reaccionar hacia los demás. Pero no es por egoismo. Es lo más normal del mundo...cuando no te sientes bien.

................

Ahora que caigo, realmente fue el ruido de una pelota cayendo. ¿Por qué bota una pelota en el patio a las cuatro de la madrugada?

jueves, 4 de agosto de 2011

El origen del Mal. Jean - Christophe Grangé

- ¿Qué hace usted para vivir...aquí adentro?

- Soy un ser humano y vivo entre seres humanos. Así de simple.

- No le entiendo.

Bokobza se dio la vuelta y sonrió, fatigado.

- En la otra sala podría mostrarle una película edificante en la que se ve a unos israelíes machacando a pedradas los miembros de un adolescente palestino. El odio es el don mejor repartido.

-Sigo sin comprenderle.

El investigador cruzó los brazos. Su sonrisa seguía allí, como suspendida en el aire. Parecía una gota helada en la punta de una estalactita. Mientras esa gota se mantuviera así, en equilibrio, cualquiera habría creido que era una sonrisa viva, feliz, resplandeciente. Pero cuando la gota se separaba y se estrellaba contra el suelo, revelaba su verdadera naturaleza: era una lágrima.

- Lo triste -concluyó Bokobza- no es solo que el nazismo haya existido, que haya contaminado a un pueblo entero y provocado la muerte de millones de personas. Ni que esa monstruosidad persista aún hoy por todas partes en nuestro planeta. Lo más triste, en verdad, es que haya tanto odio en el fondo de cada uno de nosotros. Sin excepción.

miércoles, 3 de agosto de 2011

domingo, 24 de julio de 2011

Más allá del bien y del mal...

Nacemos y ya nos encontramos sumidos en un esquema fabricado y programado a lo largo de los siglos, un programa que algunos llaman "educación".

El programa nos socializa, más que enseñarnos. Nos convierte en agentes sociales dentro de nuestra cultura, nos enseña a movernos entre el resto de seres humanos. Pero se dejan mucho de lo básico por el camino.

Lo básico, valga la ironia, es quizás lo más complejo. Lo que más rapidamente se capta y lo que nunca se llega a aceptar completamente hasta el final de nuestros días. La verdad es más simple que todo lo que nos esforzamos en aprender, todo lo que nos metemos en la cabeza y que acaba conformando nuestras complejas existencias.

Existencia y muerte. Esas son las dos caras de la realidad. Y dentro de todo ser vivo, la necesidad de supervivencia, la necesidad de alargar el periodo de existencia y atrasar el inevitable final. Aunque la muerte nos una a todos, y todos seamos iguales de cara al perecimiento.

Nada más nacer, lo primero que afloran son los miedos, y nacer implica morir algún día. Aquí tambien surge el sentimiento de la injusticia. Millones de niños mueren cotidianamente en quíen sabe donde, muchas mujeres son violadas y asesinadas aquí y allá por diferentes razones, lujuriosas o étnicas, o simplemente razones surgidas de la ira y la violencia más primitivas.

La injusticia es inevitable a su vez, por el mero hecho de que todos estamos condenados a morir aunque nuestro instinto nos impulse a sobrevivir. Lo normal para conseguir que la vida no sea un infierno, para conseguir que nuestros tormentos y la inevitabilidad de la injusticia no aplaste las ganas de vivir, es la ilusión. Ilusión por todo aquello que nos hace disfrutar, por los deseos que se pueden obtener, por los logros y las victorias. Ilusión por un mundo mejor, justo, dentro de nuestras cabezas. Esa ilusión nos permite vivir, y acabamos pensando que ese es el mundo que existe.

Pero, oh, pobres ilusos, aquellos que se dejen irradiar por toda esa luz sin atender a la oscuridad de sus propias almas. En todo ser vivo reside la oscuridad. No el mal, puesto que el mal es el resultado de obrar, de tomar decisiones y actuar con intención de dañar a los demás. Utilizo aqui la oscuridad y la luz como conceptos muy diferentes del bien y el mal. Porque al igual que la muerte, la oscuridad no se puede evitar. Todos somos envidiosos, todos somos egoistas, todos buscamos obtener beneficios sin que nos importe realmente el beneficio ajeno. Incluso al preocuparnos de los demás satisfacemos una necesidad "propia" y egoista, una necesidad trasladada a nuestro mundo iluminado de ilusiones, mundo del que sacamos conceptos como el amor o la amistad. Preocuparnos por otros es tambien signo de querer o saber que sacaremos algo de ellos. No nos preocupamos por cualquiera, es esa la principal prueba.

Oscuridad...En un mundo donde lo real es que nos pisoteemos unos a otros, en una sociedad capitalista de mercado donde los que interesa y parece importar es la imagen, física y social, aunque por supuesto no todo el mundo pueda permitirse ascender (por millones de razones, la económica la principal, seguida del atractivo físico...)

Luz...Ayudarnos los unos a los otros, para huir de la realidad odiosa, de nuestra propia naturaleza, precisamente por el anhelo de que todo funcione mejor.

Pero no cambiaremos las bases por mucho que queramos. En toda persona existen sentimientos negativos, sentimientos reprimidos que intentamos ocultar, empujar al fondo. Porque la educación y la programación nos dicen que esos sentimientos están mal y hay que ser bueno con el prójimo...

Pero lo que importan aqui son la decisiones que tomamos, porque los sentimientos y las necesidades naturales de todo ser humano no se pueden retener sin que eso nos afecte de forma negativa. La represión es sinonimo de acrecentar la oscuridad, de confundir a una persona hasta que no sea capaz de discernir y acabe siendo capaz de cualquier cosa por comer o mantener a su familia, por probar cosas nuevas o alcanzar el éxito.

El mal surge cuando cedemos a nuestros deseos más oscuros y optamos por la vía rápida, la que se aprovecha de los otros, la que los engaña, la que los daña, pasando por encima de ellos para alcanzar nuestras metas, aunque estas en el fondo sean insignificantes...¿O acaso no existe nada más relativo que la fama y la ilusión de orgullo y ambición?

El bien nos permite superar la oscuridad que reside en todos nosotros para, sin renunciar a nuestros deseos, tomar el camino del esfuerzo, el camino que ayuda a los demás para que nos ayuden a nosotros, el camino de la luz...

Y el resto es irrelevante. Todos los siglos de historia, todos los conceptos inventados por las personas, todas las ideologias y sistemas sociales, todos los partidos políticos, todos los bandos, todos los paises o todas las religiones. El ser humano es nuestra única ideologia, el ser humano y el entorno que nos rodea, el mundo en el que vivimos y del que deberiamos realmente aprender. Y aprender a ser autosuficientes y apreciar el valor del trabajo para poder subsistir.

A veces no nos quedará mas remedio que enfrentarnos a otros...Muchas veces tendremos que aguantarnos si algo no es como queremos...Porque el mundo es injusto, y debemos aceptar la oscuridad. Eso es madurar y no ser un crio que llora y patalea por no tener el juguete (existiendo personas adultas que se comportan así, millones y millones...) Madurar y comprender que si te caes te levantas y continuas. Que nadie tiene porqué regalarte nada o seguirte, y que al final, si quieres seguir tienes que aprender a valerte solo, y si no te gusta, te aguantas...

martes, 19 de julio de 2011

Según el momento

Según el momento exacto, todo puede cambiar. Según la situación, las circunstancias, las decisiones que se toman en los fueros internos de los que nos rodean...

Hoy lo que le pertenece a uno podría ser de otro si lo hubiera cogido antes, las cosas serían diferentes, aunque no supieras hasta que punto.

No puedo evitar pensar de vez en cuando que habría pasado si hubiese hecho determinadas cosas que no llegué a hacer. Porque el momento no era el adecuado, porque estaba mal, furioso o triste, porque estaba confuso y la indecisión no me permitía avanzar...

Por suerte no me arrepiento de nada. No me siento mal por como han ido los acontecimientos. Y da igual que no tenga algo, la posesión es una de las cosas más relativas que existen en conceptos humanos. Y lo que alguien no me da me lo darán otros...

Algunos intentan sacar lo bueno que existe en cada uno. Algunos se obsesionan un poco con ciertas personas y en conseguir que se abran...Yo también lo he intentado alguna vez, pero ya no.

Prefiero cambiar el enfoque, el mundo está plagado de personas, miles que conocer y cada una tendrá un diferente trato si llegas a conocerlos. Podemos congeniar con una persona y querer conservarla, no lo dudo. Me ha pasado, y tengo un caso muy reciente, una amistad que en mi interior quisiera conservar para el resto de mis días pase lo que pase...Aparte de las que ya tengo y considero tambien eternas...

Prefiero cambiar el enfoque si no saco tajada de una relación o si no me aporta nada que merezca la pena. Tampoco tengo porque gastar vanamente mis esfuerzos en mantener una amistad etérea y difusa.

Por eso parto de la misma idea con todo el mundo, pero siempre ofreceré mas privilegios a los que considero mis amigos. Estoy harto de que se extienda el término y que creas que tienes 400 amigos porque lo dice Tuenti o Facebook. Estoy harto de los que se creen importantes por tener ochocientos seguidores en twitter.

Hay que saber PONDERAR, diferenciar, y demostrar que quien es más importante para ti lo es por encima del que acabas de conocer. Gestos, detalles, tonterias que al fin y al cabo tampoco son tan exigentes o requieren un gran esfuerzo. Pero nos cuesta pensar en otra cosa que no seamos nosotros, ¿como vamos a pararnos a pensar en ponderar o a equilibrar nuestros sentimientos que deseamos liberar cada dos por tres?

Según el momento, a lo mejor el torrente de sentimientos coje a una persona delante y no a otra. Yo no quiero creer que sea una cuestión dejada al azar. Por eso parto de la neutralidad, y seguiré siendo neutral todo lo que pueda. Y lo que muchos dan porque están eufóricos prefiero reservarlo a las personas que quiero. Porque para mí eso es importante....Detalles nímios, que siguen siendo parte de la vida. Y aunque se intente quitar importancia a lo cotidiano, a lo habitual, a lo normal, precisamente es esencial porque es parte de tu vida...

Según el momento se puede decidir el curso de una vida, un cambio de última hora en la carrera que quiero, o incluso la entrada en una relación sentimental con una persona u otra...

Porque en nuestra cabeza no existen ideas cerradas, sino múltiples frentes entre los que elegir...y según el momento...pasan de ser ideas a convertirse en realidades. Aunque a veces no podamos evitar pensar, ¿y sí...?

viernes, 15 de julio de 2011

Economía sumergida (2)

El ocaso se dibujaba de forma terrible bajo mi cansada mirada. Allí estaba tumbado al lado de mi árbol favorito del parque, tranquilo, en paz.

Ya hacía tiempo que había terminado la carrera y aún no sabía que iba a hacer con mi vida. Por suerte ella había llegado a mi mundo como una luz salvadora, una bondad tremenda que el universo me regalaba. Ahora tenía que ofrecer algo a cambio.

Pero mientras mi cabeza daba vueltas pensando en que clase de trabajo me saldría rentable, el negocio que mantenía entre manos con Ángel no iba del todo mal.

Una suerte de chiste que bien planteado nos estaba aportando curiosos beneficios. Contacto de la facultad con malas notas, contrato de cortesía con efectos legales, artimaña y cambiazo, matricula asegurada. Y unos 200 euros que nos embolsábamos por examen.

Y no era difícil. Nos dejaban el DNI y nos presentábamos con toda la cara del mundo. En la mayoría de los casos no era ni necesario. Póniamos el nombre del cliente y a improvisar un examen magistral basándonos en ciertos esquemas mentales que aseguraban la excelencia en la calificación. Por supuesto no podíamos presentarnos en nombre de una estudiante...aunque, podría hasta funcionar con un poco de discreción...

En definitiva, nos iba de perlas. Tan bien se nos daba eso de estudiar que ambos habíamos sacado juntos más matrículas que ocho o nueve empollones seguidos. Y ni ellos sacaban matrículas en todo.

En tres meses nos sacamos 4500 euros netos entre los dos. Ahorros que intentaríamos aprovechar en un futuro. Ángel además trabajaba como camarero y en la empresa de su padre. El proyecto conmigo para él era más un hobby que otra cosa, un reto o un pulso que se echaba contra el imperfecto sistema de la facultad.

Yo había llegado a tomármelo bastante más en serio. Aún cuando sabía que no debía hacerlo...

Nadie sabía que hacíamos aquello. Ni la familia, ni los amigos íntimos, ni siquiera se lo conté a Aurora, y ya llevábamos un mes juntos.

Como la adoro...Al principio pensé que Ángel me la levantaría como tantas otras atrás, siendo él el guaperas de los dos, el "tio bueno", era lo normal y lo previsible. Yo siempre he sido el gracioso, "el mono", el bohemio y místico.

Pero con Aurora era diferente. Una sola mirada suya me hacía arder. Me hacía fuerte con su sola presencia. Imponía su luz sobre todas las cosas y ya no podía apartar mis ojos de ella.

Creo que ahora realmente es cuando me estoy enamorando de ella. Y eso da miedo, miedo que te cagas...Para empezar, ni estoy acostumbrado.

En el fondo estoy muy a gusto con ella, me dejo llevar, ella se deja llevar...Pero es pensar en meter la pata, y me entran escalofrios.

Sobre todo ahora que está comenzando a mostrar un mayor interés sexual. Recuerdo la conversación que tuve ayer precisamente con Ángel del tema.

- ¿Cual es el problema? - decía Ángel divertido

- El problema es que no puedo estar más oxidado...

- No me seas, Mike. Vale que tu última vez fue...

- Hace un año...

- ¿HACE UN AÑO? Bueno, en fin, tampoco es tanto. Y esto es casi como conducir, no se olvida.

- Esto es diferente, tío. Con ella todo es diferente.

- Ya, eso suele decirse cuando estás amamonado. Lo mejor es no darle demasiadas vueltas. Qué quiera estar contigo ya es un milagro...

- Gracias, imbecil.

Y a reir como dos niñatos...

En el fondo me lo pasaba bien con Ángel, a pesar de lo diferentes que éramos. A mi me gustaba contemplar la puesta de sol en solitario, perdido en mis pensamientos. Él escuchaba a Mozart en el salón de su casa tumbado en el sofá con unos enormes cascos, aislado del mundo a nivel cuasi místico, sin pensar en nada.

Se dejaba llevar con todo en la vida, yo me retenía todo lo posible para evitar un traspíes. Miedo al fracaso, algo natural, pensaba yo.

Miedo a mi propia luz, a mis propios sentimientos. Y yo que me creía maduro, y sigo siendo un enano.

Menos mal que de cara al público, y a la familia, sigo siendo un veinteañero bohemio maduro y con las ideas claras...


martes, 12 de julio de 2011

miércoles, 6 de julio de 2011

Catarsis

Se abre el maldito telón y la obra comienza. Los actores danzan en una coreografía perfecta, trabajando en armonía, manteniendo la expectación, llegando a los corazones del público. Se cierra la divina tragedia y el público recibe una lección. Y reflexionan, recibiendo su catarsis...


¿Cuándo dejé yo de verme afectado por esas moralejas para buscar un trasfondo superior, una suerte de catarsis más completa de significado?

Se me ha atragantado tantas veces el romanticismo que debería ver como normal jugar a las tretas amorosas sin sentimientos de por medio...Pero no es así. Como experiencias estarán todo lo bien que quieras, que sigue sin llenarme.

Dicen que le doy demasiadas vueltas a las cosas, que me preocupo demasiado, que le otorgo demasiada importancia a los detalles...

Pero que le voy a hacer si surgen los sentimientos, si el romanticismo no se pierde, si me importan los detalles, si me importan los gestos, la moral o la ética...

Que le voy a hacer si no me contento con la catarsis de las películas o de las novelas, si rebusco entre mil canciones sentimientos difíciles de comprender, si le doy la vuelta a los cánones y a las convenciones, si simplemente no me las trago y he comprendido que la vida no se rige por destinos poéticos ni poderes que conspiran para que seamos felices...

Que voy a hacer, si cada noche me pregunto porqué demonios hemos nacido con la facultad de vernos atormentados por dudas existenciales, y porqué hemos nacido débiles en la psique, golosos de ficciones que decoren la realidad, codiciosos artificiales que juegan a ser eternos cuando somos mortales, incapaces de aceptar las grandes verdades de la condición humana, mirando hacia otro lado o cambiando de canal ante las noticias trágicas, porqué aceptamos sin más el funcionamiento de las sociedades...


Todo lo que reside en mi cabeza acaba volviendo a su cauce, gracias en parte a los que me rodean y me ayudan a organizar mis muebles mentales. Pero aún así necesito dudar y observar rutas alternativas, y plantearme si pueden existir maneras de aunar lo que deseo y lo que necesito...Agradezco toda la ayuda, mientras me dejen divagar y experimentar mi propia catarsis...

Que me dejen libre con mis sentimientos, no pido más...

sábado, 2 de julio de 2011

Diafragma

Recuerdo a un chaval de 12 o 13 años que lloraba porque no tenía amigos de verdad. Recuerdo que se esforzaba por sentirse integrado, pero su vida en el instituto solo estaba plagada de bromas de mal gusto y faltas de respeto...

Recuerdo que ese chaval no era mala gente, era más bien una persona normal que quería lo mismo que cualquier otra persona normal.

Recuerdo el día que ese chaval se fracturó en dos.


Una fractura multiple que comenzó a su vez a dividirse con el paso de los años. Pero recuerdo las dos posturas de origen, más marcadas que las demás...

Nos define lo que pasamos, nuestras experiencias y nuestro entorno. El chaval consiguió cosas muy buenas con el paso del tiempo. Pero también se perdió otras tantas.

Es demasiado complejo un solo ser humano, prever en lo que se va a convertir atendiendo a lo que le va pasando a lo largo de los años. Podemos cerrar o abrir el diafragma y dejar escapar o retener nuestras emociones ocultas: nuestros miedos de niños, nuestros fantasmas de la adolescencia, nuestros sentimientos enfrascados y grabados a fuego en archivos de memoria que se enfrían mientras nos vamos oxidando...

Pero no se puede evitar, una persona se define por lo que ha vivido. Y por lo que no. Las acciones son otra cosa. Nada justifica que hagamos o no algo de forma definitiva, eso nunca.


Recuerdo a un chaval que era feliz con saber que tenía un par de amigos...

Hoy miro atrás pero no veo a ese crio por ningún lado. Quizá se hartó de esperar cosas de quien no debía, quizá se hartó de promesas vanas y de saber que todo es pasajero. Quizá no quiso creerlo, y se marchó. Y se inventó una historia...Una historia en la que nadie podría hacerle daño. Una historia en la que solo los que le demostraban algo tendrían derecho a algo, aunque él quisiera darle algo a otros. Una historia en la que ni siquiera sus propios familiares conseguirian que se sintiera culpable por no ir a verles cuando ellos tampoco hacían lo mismo...Una historia en la que el diafragma se abriría y cerraría cuando él quisiera, y no porque otros se lo ordenaran.

De esa historia...surgí yo.

lunes, 20 de junio de 2011

Máscaras

Ahh...no suficiente con saber que el insomnio me visitaría esta noche...Y van y vuelven los mosquitos. Suficiente un par de picaduras para desvelarse y saltar de la cama. Abro el portatil y, como suele pasarme a estas horas, me pongo sensiblero.

Sensiblero, que es como yo llamo a ese afán espiritual, esa necesidad imperiosa de volcarme en palabras. Porque, acabo de caer en la cuenta, no solo del retorno de esos malditos chupadores de sangre, sino también de que llevo puesta una pedazo de máscara. Es increible que por un tiempo casi ni me acordara. Al menos hasta que el peso ha comenzado a ser notable.

Todos llevamos máscaras, a estas alturas es base natural y antropológica claramente reconocible. Pero la mía, podría decir que es especial...

Es especial porque esta blindada. Y con el tiempo he dejado de notar hasta el frio en la cara. Es esto hacerse mayor...¿Es esto hacerse mayor? ¿Sustituir lo que llamabas alma por una suerte de trozo de plástico artificial?

Ilusiones, ilusiones, ilusiones...Hacerse mayor es igual a que estas desaparezcan, cayendo una a una, cada vez duele menos. Hasta que un día deja de doler...

Pero no puede ser así. Esta forma de jugar con mi propia alma...Exponiéndome al daño casi queriendo, de forma experimental, encontrándolo casi divertido porque no siento nada al respecto (o es que no quiero ver que siento algo)

Por supuesto la máscara puede caer. Lo gracioso es que ahora mismo, es lo último que deseo.

Todos usamos grandes máscaras que nos envuelven. No hablo de máscaras preconstruidas, hablo de como somos normalmente. Porque en el fondo no somos como nos comportamos. Y la prueba es que me quito la máscara al escribir. Quisiera también quitármela al hablar con gente cara a cara, pero se hace dificil si ves que ellos la tienen puesta, o más bien pegada a la cara con varios cerrojos.

Quizá es porque somos torrentes de sentimientos que no podemos ni sabemos controlar. Quizá es porque las emociones nos engañan, los anhelos se transforman en espejismos y queremos amoldarnos a lo que se nos pone delante. Somos animales de costumbres y comodidades, al fin y al cabo. También somos animales egoistas, que lo queremos todo, en un mundo en el que inevitablemente hay que elegir. Y aguantarse si no puedes tener algo.

Si nos liberásemos de nuestras máscaras, cuanto lloraríamos, cuanto reiríamos, cuanto diríamos...Y de cuanto nos arrepentiríamos. Porque las emociones vienen y van, el cariño viene y va, el amor viene y va.

Por eso me duele escuchar ciertas cosas. Por eso no digo las cosas a la ligera. Porque las emociones vienen y van...Porque no se pueden soltar las cosas así como así. Porque no puedes decir un "te quiero" asi porque si...

....yo necesito sentirlo. Y raramente respondo a palabras de cariño con otra cosa que no sea bordería. Es un efecto automático de la máscara. Me fio más de los actos, sobre todo de los pequeños, y de los que se repiten. Esos te dejan claro como es una persona, y no las grandes puntualidades de la euforía, la rabia o la tristeza...Y nos cuesta darnos cuenta, porque lo miramos todo, y todo el rato, no nos fijamos en los detalles, no metemos lupas en nuestros bolsillos antes de salir de casa, absorbemos rapidamente y con prisa. Es curioso, es así como nos perdemos grandes cosas.

Y es curioso, que de tanto rechazar actos de cariño,(al menos de considerarlos como actos a tener en cuenta) he dejado de saber diferenciar los reales de los ficticios.

Será que me hago mayor, que evito las cursiladas (y no es que siempre lo consiga, maldita sea...) y que me baso en el paradigma del recelo. Cuando un perro recibe palos, acaba mordiendo a cualquiera. No he llegado a ese punto, obviamente, es solo un ejemplo. Si me acarician también me faltaría poco para dejarme llevar otra vez...Por eso no te puedes dejar llevar por las emociones. Te la juegan.

Por eso me gusta la máscara...No te hace más fuerte, pero lo pareces. No evita que seas débil, pero lo amortiguas. Nos permite llevar la vida mejor, a pesar de que no lo podemos tener todo. Es eso dejar de ser niños, ¿no? Comprender que no podemos tenerlo todo, no podemos patalear si las cosas no salen como queremos.

Pero tampoco puedes dejar de ilusionarte, ni luchar contra eso. ¿Ves? No puedes tenerlo todo, asi que no puedes evitar ilusionarte y ser feliz de vez en cuando. No puedes tener todo lo malo pero no puedes renunciar tampoco a lo bueno.

Y en esto nos movemos. Una tragicomedia sin fin....


Son ya las 3 de la madrugada. No se han ido ni los mosquitos, ni a vuelto el sueño. No dejo de pensar en el ser humano, en una idea abstracta de ser humano más que en mí mismo. Y en las máscaras...y el gran peligro de mirar a través de ellas...

viernes, 17 de junio de 2011

Presente y pasado

En cualquier momento la cabeza chispea y una imagen olvidada vuelve. ¿Realmente es ese fragmento una parte de tí? ¿Lo fue?

Se hace raro recordar esta misma época, un año atrás. Como cambia todo en un año, vertiginosamente, absurdamente. Las cosas cambian y a veces ni te das cuenta, las páginas avanzan lentamente y a la vez te sorprenden tramposamente con espinosa rapidez.

Una rueda que gira y gira, sin cesar, sin final. Y esto ocurre, y aquello y eso otro tambien. Y esto cambia por aqui, y... ¡eh! esto se vuelve a repetir...

¿Y cual es la moraleja de cada final? Solo aparece otro extraño principio. Hasta que la mente se seca y ves hasta donde te han llevado los acontecimientos...bueno, te han llevado por extraños caminos, situaciones complejas y experimentos atípicos...

Quizás todo sirva para entender que al final, tan sólo deseo una vida normal...

Ponderación...Equilibrio...¿Podría decidirme por una ruta intermedia sin renunciar a nada?

Cada vez me parece más imposible. Y el pasado está ahí, para recordármelo. Cierto triunfo albergo con respecto a lo que he dejado atrás. Y la ilusión de un luminoso futuro me permite olvidar el pasado...Aunque vuelve a ratos.


Este blog ya tiene un año de vida. Empezó gracias a la ilusión de alguien que se fue, lo continuo por las ilusiones de quienes siguen por aquí...

martes, 14 de junio de 2011

Economía sumergida (1)

Miguel solía beber vodka, no por gusto, más bien por costumbre. Y así funcionaba con casi todo, por costumbre. Él creía que su debilidad era aceptar toda apuesta...aunque en realidad tenía muchas más, y no era esa la prioritaria.

Me gustaba echar el rato con Miguel de vez en cuando. Es una de esas personas con las que nunca te aburres. Mil historias que contar, mil ideas brillantes que proponer. Algunas además de brillantes eran infames. Y eso, unido a su facilidad de enfrentar apuestas, y su dudoso sentido del honor, que lo arroja a cumplirlas, nos llevó a pasarnos de la ralla...

No estoy justificando a Miguel, menos aún preparando alguna especie de excusa. Aún menos excusa tengo yo mismo. Sabíamos lo que hacíamos, aceptamos los riesgos. Puede que una pizca de orgullo juvenil también acentuara nuestra locura.

Y aquí estamos, en el garito de siempre, sin ser los de siempre. La tesitura había tomado un curso ni por asomo previsto en mis humildes proyectos de carrera. Pasé de ser un pringado más de camino al oscuro e incierto futuro laboral (más bien al paro) a representar un meloso papel en un juego estúpido sin garantías de éxito. Puede que el miedo a la crisis me llevara a aceptar el proyecto de Miguel, la maldita incertidumbre por un futuro que ni siquiera creía mío...Qué demonios, en el fondo seguimos siendo niños con 23 años de edad.

- ¿En que piensas, oh Gabriel? - Miguel anunció su llegada a nuestro rincón dando la nota, para variar, en parte por ser su habitual forma de ser, en parte para destacar delante de su nueva amiga, a la que había invitado a salir esa noche a última hora. Algo que no me habría molestado si me hubiese avisado. Así llamaría a mi novia y no actuaría de toca-violines.

- Deja de llamarme así, imbecil. - Él sabía que estaba un poco mosqueado, pero le reí la gracia casi sin poder evitarlo. Se portó bien y me invitó a un trago, que trajo de la barra mientras yo esperaba en el sofá de cuero rojo para evitar que nos quitaran el sitio. Lo hacía para compensar que nuestra reunión de dos pasara a ser de tres, y para preparar un poco el terreno con la chica mientras esperaba que les sirvieran las copas. Tonto no era. Miguel tenía el don del ajedrecista, analizaba las situaciones y buscaba múltiples beneficios en una misma jugada. Siempre, a veces diria que lo hacía sin darse cuenta. Un maldito bastardo...

- ¿No es ese tu nombre? - preguntó aquella incómoda invitada con cierta timidez, en parte con la intención de romper un poco el hielo conmigo. Cambié el gesto casi de pronto, tampoco quería convertirme en el malo de la peli. Miguel me debería una, y lo cumpliria. Por eso somos amigos. Pasé en cuestión de segundos al estado de amigo encantador.

- Me llamo Ángel... - dije manteniendo aún las distancias. No sabía tampoco como comportarme con ella, Miguel no me había dejado claras sus intenciones con la chica. De todos modos tenía que reconocer que era de bastante nivel para él: Muy guapa, una cascada de pelo dorado, ojos azul oscuro, rostro redondeado de porcelana, modosita vistiendo pero atractiva... Miguel tiene carisma, con eso se lleva muchos amigos pero pocas nueces. Pero también era un caradura. Y con eso si que se llevaba a algunas mujeres a la cama de vez en cuando. Solía explicarlo con sorna y una absurda teoría que tildaba de científica: "Define tus puntos fuertes y concéntrate en ellos. Y si no tienes te los inventas. Con el tiempo eso se convertiría en tu punto fuerte."

- Ah, ya veo. - dijo la chica sonriendo ampliamente. Más guapa me pareció entonces. Miguel sonreía triunfante. Parecía tener bastante asegurada su conquista.

- A todo esto, no os he presentado formalmente. Gabriel, ella es Aurora. - Me levanté para darle dos besos y volví a mi sitio. Estaba sentado solo en el cómodo sofá de dos plazas, Miguel estaba en el de enfrente y Aurora sentada en una butaca entre ambos. En el centro estaba la pequeña mesa redonda negra dónde tantas veces se habían apoyado copas y papeles para apuntar ideas. Como era miércoles, el bar estaba tranquilo.

- Bueno, ¿y como has tenido la mala suerte de conocer a mi querido amigo Miguel? -Aurora se echó a reir, mirando de reojo, y notoriamente sonrojada, a Miguel.

- Vino a una fiesta que hicimos en mi piso, nos presentó mi compañera, que es amiga de ambos. Me dijo que le gustaban los juegos de cartas y echamos algunas rondas al poquér. Me hizo apostar que saldría con él si perdía.

- Vaya cosa... - Miré a mi amigo con clara expresión de estar pensando, "menudo cabron".

- No pienses mal...Perdió él. - Aurora volvió a reir con buen humor, que encima era contagioso.

- Cuando se acabó la fiesta, se acercó y me dio su número. ¿Te lo puedes creer? - alardeó Miguel haciéndose el sorprendido.


La velada se alargó mas de la cuenta. Aurora resultó ser, además de hermosa, ingeniosa y magnética. Aquello unido a las ocurrencias de Miguel y a mi virtud (mas estimada de lo que yo pensaba) de escuchar y aportar un poco de sentido común con simpatía, desembocó en una conversación eterna que casi nos obligó a cerrar el bar. Me gustó aquella chica. Menos mal que estaba felizmente ennoviado con un tesoro como Nerea...que si no me veía a espadazo limpio compitiendo por ella.

Miguel y yo nos despedimos de Aurora cerca del portal de su piso, a escasos metros de nuestro bar, por afortunada casualidad. Saltaron chispas entre ellos al decirse adios, eso estaba muy claro desde fuera. Pero acababan de conocerse, y por mucha fachada que aparentara mi amigo, yo sabía que en el fondo era un blando enamoradizo al que le temblaban las manos delante de una chica que le gustara si no se las agarraba. No necesitaba que me lo dijera, Miguel se había quedado pillado por aquella tía. Y como para no hacerlo.

El largo camino a casa, pasando por el querido metro, fue silencioso. Estábamos algo cansados, yo hasta ronco de tanto reir. La complicidad que a veces compartíamos nos hacía aún más íntimos, fuera de toda coña. Podíamos estar en silencio, aún asi sabíamos que pensaba el otro a grandes rasgos.

Al bajarse en su parada, Miguel sonrió y bostezó con forzado cansancio. Le di una fuerte palmada en la espalda y se despidió con un "ya hablaremos" y una cara maliciosa.

En el resto del trayecto, pensé en el día que conocí a Nerea. También pensé en el día que conocí a Miguel...

Puede que parezcamos tipos normales, que compartimos cierta amistad y algunas confidencias. Pero Miguel y yo hace poco iniciamos cierto proyecto...un tanto ilegal. Muchas ideas puedes surgir como estupideces que se sueltan en momentos puntuales y que luego, por diferentes motivos, pueden comenzar a sonar coherentes...

Podría decir que fue así como surgió nuestro negocio sumergido. Acabábamos de dejar la facultad, pero seguíamos visitándola asiduamente. ¿El negocio? Puede parecer una tontería, pero no nos iba mal. La verdad es que nos lo habíamos montado de escándalo. Nos ganamos en menos de un mes unos 3000 euros netos haciendo exámenes por otros, y cobrando por ello. Si, puede que haya sido un pequeño desliz no comentarlo antes...Somos unos putos cracks del estudio. Y como decía Miguel, hay que aprovechar los puntos fuertes...Parece una tonteria, de esas que al contarlas nadie se creería. O que si alguien la cuenta suena a típica leyenda urbana...A nosotros eso nos interesaba, desde luego...

miércoles, 8 de junio de 2011

A veces es mejor no decir nada...

Con algunas cosas tarde o temprano acabas quemado. Y lo sabes, sabes que no hay solución cuando se producen ciertos choques. Puedes esforzarte por dejarlo pasar, por no darle importancia, por centrarte en otras cosas. Pero en el fondo sabes que le das importancia...

¿Y? A la mierda con eso. No tengo por qué aguantar ciertas actitudes. No se trata de exigir, no puedes evitar que la gente sea como es. Tampoco pueden exigirte nada. Y no esta mal que de vez en cuando se tengan en cuenta los comportamientos y se actúe en consecuencia.

Que para pasarlo bien no hace falta perder el respeto y estar haciendo gilipolleces todo el rato. Soy el primero que se comporta como un payaso. Pero a veces reflexiono...no siempre estoy orgulloso de mi propio comportamiento.

Habrá que cambiar algunos hábitos. No porque esté bien o porque esté mal, es cuestión de ser como se quiere ser.

Repito, que cada uno haga lo que quiera, pero que se atenga a las consecuencias. No creo en las reglas, pero si en las consecuencias. Y en que la gente debe pagar por sus errores...

A veces es mejor no decir nada....¿Quién soy yo para juzgar a nadie? Si quieren mi opinión, vale. Soy el primero en cometer errores y en tener miles de defectos y prejuicios. Pero eso es problema mio, al igual que mi deseo de pulir esos fallos.

Somos quienes somos, no podemos contentar a todos ni ser los protagonistas de la clase o los más populares. Y no porque no seamos buenas personas, desgraciadamente eso suele tener poco que ver. Pero ese es otro universo de reflexiones y debates.

¿Mi opinión? En el aire, ya ni siquiera tengo claro que pensar...

lunes, 6 de junio de 2011

Despedida triunfal

Queda menos de un mes para que se acabe mi cuarto año de carrera. ¿Impresión? Un paseo con más sinsabores que otra cosa. Aunque no iba a molestarme en tonterias. Se acabó eso de asistir a todas las clases que no me aportaban nada...Y este segundo cuatrimestre he anulado toda posibilidad de estrés. ¿Para que iba estresarme por asignaturas tan solo por aprobar si no van a servirme de nada? Estudio, sacaré lo que tenga que sacar, pero no van a robarme más tiempo del que estoy dispuesto a cederles.

A estas alturas valoro otra clase de cosas, y a cada año que pasa más me guio por mis instintos que por lo convencionalmente correcto. No sé a donde demonios me llevan mis movimientos. A veces me paro y vuelvo a imaginarme a mi mismo tal y como quiero ser, recupero esa idea. Y debería centrarme en eso. Y aprender lo que quiero aprender.

Este verano empezaré a escribir algo gordo, para liberar todas mis ideas en contra de todo lo absurdo que impera en el orden social y cultural.

Me despido de un año que he vivido a mi manera, sin subordinarme a miedos estúpidos. Un triunfo relativo, personal. Ahora va siendo el momento de centrar mis esfuerzos donde realmente quiero. Donde tengo algo que ganar.

Y no centrarse en el vacío de miradas corrientes.

miércoles, 1 de junio de 2011

Para que lo tengas presente

Despiertas un día y algo falla en el mecanismo. La lógica tira al camino de siempre, el alma busca escondrijos y rutas alternativas. Sabes que algo ha cambiado, aunque tardas más en darte cuenta. También depende de que quieras darte cuenta.

Algunas piezas del motor cambian y evitas las carreteras sin salida, por mucho que te atraigan las vistas de un precipicio en el que no te espera nadie. Pero no puedo evitar reconocer que las cartas me han jugado una mala pasada. Que menos que reconocer que es gracioso: Sentir que lo que buscas te está vedado desde el principio, sin que se pueda hacer nada.

El mecanismo evoluciona, no sabes si para bien o para mal. Toca concentrarse y "estudiar", toca enfocarse y distanciarse de lo que puede hacerte daño.

Y es algo que nunca terminas de aprender, por mucho que cambien las piezas. Sabes que debes huir de ciertas cosas porque no puedes engancharte a ellas.

Para que lo tengas presente, un mareo es pasajero. Yo sigo buscando a esa chica que se preocupe para que me tome una aspirina. Y en ocasiones solo basta una mirada para descubrir a alguien así. Y si no lo ves...Nothing to do here!

miércoles, 25 de mayo de 2011

Y la quimera preguntó a la esfinge...

¿Qué es realmente el conocimiento? ¿Saber millones de minúsculos datos que se consideran de interés general?

A veces reflexiono y firmemente creo que son chorradas. Sabemos mucho más que un antepasado en toda esa cuestión de datos. Nombres, direcciones, estadísticas, curiosidades, politiqueo, cultureta literaria...La parca tiene que estar descojonándose de nosotros.

Prefiero saciar mi curiosidad, que ya de por sí es insaciable, que tener encima que preocuparme por jugar al trivial social con aquellos que, regocijados y triunfantes, usan la burla para poder sentirse levemente superiores durante unos segundos.

¿Acaso somos máquinas perfectas de retención informativa? Se nos olvidan las cosas y los detalles cada dos por tres, y muchos se pisotean a sí mismos por ser humanos y tener una memoría falible...

Vamos bien. Y pasamos de la competencía a mamporros a la competencia intelectual. Todo se reduce a lo mismo. Al final siempre es así.

Me miro al espejo y veo a una quimera cambiante, un cúmulo de estrategias comunicativas que obtiene cosas de los demás. Aún sigo aprendiendo de las esfinges que enseñan, aún sigo buscando respuestas a sus complejas preguntas.

Quizá algún día yo también me convierta en esfinge. Sólo espero estar a la altura, y no precisamente por retención de datos...

domingo, 15 de mayo de 2011

El Pensamiento de Kant en una libreta

Han sido muchos los grandes filósofos que han dejado páginas y página enriquecidas con sus reflexiones y teoremas, pero ninguno me ha llegado como Kant...

Anthony Kant, Antonio "Toni" Cano....

Sus frases orales míticas siempre tenian un momento sagrado en el tiempo, aguardando el momento oportuno, la conjunción de los planetas. Frases que merecen ser recordadas por destrozar el tiempo y el espacio y convertirse en protagonistas indiscutibles, creando "Mementos Toni".

En esta entrada, intentaremos concentrar todas estas legendarias oraciones que recordemos (en su contexto) y las que estén por llegar...Nunca se está preparado, aunque Jaso pretenda contrarrestar a veces los efectos, no se puede prevenir nunca, un puntazo de Toni...

PD: Se aceptan nuevos momentos Toni a medida que sean recordados para su posterior implantación.



Compendio: Primer Volumen

I. Tras sustitución de Milito por Messi en un partido Toni le dice a Ale (que no entiende nada de futbol) al ver su cara de indiferencia: "pa que lo entiendas, es como si entrase Krilin por Goku"

Desde entonces cada vez que se hacen sustituciones Ale le pide consejo a Toni


II. Estando en una terraza a las orillas del río, y con un caipirinha extraño recién tomado, Toni suelta un puntazo musical tras una aportación de Dani Espinosa. Dani comienza a hablar de Dragon Ball y de las cabeceras de la serie, un solo segundo después, Toni con la mirada seria y perdida en el horizonte, sentencia: "Ay,ay,ay,ay, ¡soy pequeño pero valiente!"


III. Jugando al BANG en la casa de la abuela de Juan, no recuerdo exactamente a raiz de que se dijo, pero para dar su aprobación ante algo Toni soltó para sorpresa de todos: "Miau, bien dicho" (véase tonito del Pokemon Meowth)


IV. En aquel viaje a Lepe, jugando al Hotel con Bifu con cierta dosis de alcohol en sangre. Hablando de transacciones económicas, chantajes mafiosos y además grabado en video. Al exigirle Toni dinero al Bifu en tarjeta, este le dicta la lista de las que posee, a lo que Toni, en el momentazo, responde: "O American Express, o nada"


V. En esa primera noche cuasi veraniega, con el porche de la casa de Ale recién estrenada y Eurovision de telón de fondo (sin que nos importara mucho). Sólo dos frases, basicamente fue un dos por uno en puntazos. "Romanticismo Cromagnon" y "Osito Haribo"





(Continuará)

sábado, 14 de mayo de 2011

Hasta aquí hemos llegado

A estas alturas no lo voy a negar, soy serio por naturaleza. Me estrujo el cerebro cada dos por tres, mi tiempo pasa lento pero a la vez tan rápido...Me preocupo por detalles, abro incógnitas y analizo situaciones por acto reflejo.

Soy el resultado de muchas cosas, muchas buenas y muchas malas. De algunas soy más consciente que de otras. Pero tengo claro que por definición, soy alguien serio. Puedo cambiar cuando la situación lo requiere, pero a veces me olvido de mantener mi propia esencia.

Asi que hasta aqui hemos llegado, un enorme marco en blanco acaba de abrirse. Se acabaron los debates del pasado, las estúpidas normas y reglas que suelo imponerme. Que se mantenga la esencia, pero que se dilate el tiempo. Nada de ralladas eternas...hay que intentar dormir por las noches...

Y disfrutar de una vez, y mirar lo positivo, y hacérselo ver a los demás. Y no dejar que las opiniones influyan si te quieren cambiar el rumbo, el rumbo que la experiencia tan trabajosamente ha forjado.

Y se acabaron las malditas apariencias, o al menos dejarán de importar. Y que pregunten lo que quieran, los que de verdad se preocupan por mí, saben que preguntarme...

Esa es otra. Hasta aqui hemos llegado. No me cierro puertas, estoy abierto a quien sea, no me creo mejor que nadie. Pero si trato mejor a quien me trata mejor. Y debo dejar de dirigir esfuerzos si no existe retroalimentación.


Hasta aquí he llegado, y no voy a seguir sufriendo por lo que no tengo. ¿Soy un bocazas? Tela...Pero francamente mejor me quedo intentando mejorar que no intentando nada.


La melodía de un silencio dulce me acompaña. De nada hay que arrepentirse, de nada hay que huir...

miércoles, 11 de mayo de 2011

Escala de grises

En el centro de todo, me muevo entre posturas, siempre en medio. Siempre neutral, sin nunca serlo. Siempre gris, en escalas, nunca blanco o negro. Es el camino que elegí, y las consecuencias son curiosas...

Al verlo todo desde la amplitud, desde un lado y de otro, se entiende más, se analiza más, se aprende más.

Me he convertido con el tiempo en un observador, no en un experto. Las amistades a veces me tienen de consejero. Quizá no lo merezca, a veces es una carga pesada, pero me honra esa confianza, me llena de vida. Me gusta ayudar, si puedo, y si quieren que ayude. Si es cierto que es complicado ayudar si no eres el protagonista de sentimientos, yo mismo considero que en ciertos aspectos no puedo recibir ayuda de los demás, aspectos a los que debo enfrentarme solo.

Tampoco podemos cambiar algunas cosas malas, aunque queramos.


Me da igual a estas alturas como se supone que debo actuar para conseguir algo, me da igual lo que digan que piensan que es mejor para mi si no lo creo. Siempre había pensado que la felicidad era un estado pasajero, nunca algo que se adquiera.

Ahora creo que se trata más de una actitud. Si quiero un día mirar atrás, y poder decir que he sido alguien querido, si quiero ser de determinada forma aunque no encuentre todas las recompensas que esperara...tengo que ser flexible, tengo que amoldarme continuamente, moverme entre escalas de grises y nunca encerrarme en ideas fijas.

Porque las ideas y los valores son relativos. El único valor que puedo aceptar es la Existencia. Para todo lo demás, nada es seguro, nada se puede generalizar y dar por cierto. De alguna forma en eso reside el encanto irreemplazable de la vida...

jueves, 5 de mayo de 2011

Koans

Un anciano meditaba a la sombra de un árbol muerto. Un joven inquieto se acercó a él y lo saludó con una reverencia. El anciano lo invitó a sentarse y juntos meditaron en silencio.

Varios minutos después, el joven abrió los ojos. "¿Qué te preocupa?" le preguntó el anciano sin abrir los ojos. "Me preocupan las flores que nacieron alejadas de la luz del sol". El anciano inspiró profundamente. Luego miró al joven con seriedad. Así comenzó la primera clase.

El anciano/maestro preguntó al nuevo discípulo "¿Por qué ama el hombre?". El discípulo cerró los ojos y analizó la oración. Luego respondió "Porque la piedra al caer hace ruido".

El anciano asintió lentamente. "Te preocupa la oscuridad de las almas, pero esta existe. Lo que existe no se puede discutir."

El discípulo se atrevió a preguntar al maestro, en contra de la norma. "¿Es querer lo que permite conseguir?"

El maestro sonrió. Se levantó y mientras se marchaba, paró y respondió al que acababa de dejar de ser su alumno "Por muy fuerte que sea un sentimiento, eso no facilitará lo que solo el tiempo puede enseñarte".

El joven siguió sentado toda la noche bajo el árbol muerto. "Volverá a salir el sol..." dijo en la sombra.

lunes, 2 de mayo de 2011

Lugares en los que todo puede ocurrir

No cierres los ojos y mira afuera. ¿Te das cuenta de todo lo que te influye lo que ves?

Evitas la comparación con los otros, pero los sentimientos se reflejan, rebotan y te impactan de lleno. Te golpean en los puntos débiles, en las carencias.

Lo malo se traduce en empatía, en acercamiento, entendimiento. A veces esto incluso hace que te sientas mejor...

Lo bueno a veces no se traduce en alegría, sino en tóxica envidia.

Ahora cierras los ojos e intentas diluir esa toxicidad. Buscar un lugar dónde todo pueda ocurrir...

Para el carro...Porque vuelves a abrir los ojos.

Eliminas las impurezas y puedes volverte hacia los demás y ofrecerles lo que esperan de tí.

Pero en el fondo sigues mal...Y no quieres que lo sepan.

Lugares en los que todo puede ocurrir...Existen.

Este fin de semana me he encontrado con uno. Voy a seguir buscándolos.

Quizá llegue un momento, un momento en el que todo pueda ocurrir.



Al final es obvio...Mientras la luz nos envuelva, la devolveremos.

Pero si la luz escasea, no te queda mucha ni para tí mismo.

Va siendo hora de abrir las ventanas, ruiseñor.