lunes, 7 de noviembre de 2011

Avísame cuando todo pase

El bar estaba casi cerrado. Pero a este tipo eso no le importaba. Ventajas de conocer al dueño.

Flint atravesó el umbral y recibió la calidez del interior con gratitud. Su habitual interlocutor lo esperaba en el sitio de siempre. Y el tabernero leía las esquelas del periódico del pueblo con fingida preocupación. Lo saludó con un ademán. Era el comienzo de la "hora alegre". Flint atravesó la estancia y se sentó en el sofá de cuero anaranjado, justo enfrente del único cliente de la noche.

- Una buena noche para trasnochar, ¿no, Flint?

- Tú lo has dicho, Harris.

Los dos hombres rondaban la cincuentena. Sin nada que perder, sin nada que ofrecer.

- A estas alturas ya sólo encontramos alivio en una taza caliente. - dijo Harris, cabizbajo.

- Lo curioso es que siempre fue así. Pero tardamos cincuenta años en darnos cuenta.

- ¿Qué dices? Hubo tiempos mejores. Días en los que creíamos que la vida era un misterio y que a la vuelta de la esquina podría esperarnos alguna aventura.

- Claro, pero no por ello íbamos a encontrarlas.

- No lo hicimos. Tampoco buscamos con demasiada ilusión, Flint.

- El tabernero, que mira esquelas a estas horas, es más alegre que nosotros. Todo el mundo lo sabe, por eso nos han acabado dejando de lado.

- ¿Por ser realistas, o por ser sinceros?

- Por no ser buenos actores. Hipócritas...

Harris soltó una carcajada, recordando algo. - ¿Te acuerdas de Leora? No hacia más que criticar al panadero, ponerlo verde a sus espaldas.

- Y luego era la primera que le reía las gracias por las mañanas. Sí. Quizá ese fue nuestro problema, Harris. Nosotros no aguantamos nunca las bromas estúpidas del panadero.

- Y nunca compramos pan...

- ¿Es eso perderse las oportunidades? ¿Darle la espalda a lo que no te gusta aunque con eso pierdas posibles beneficios?

- No creo que sea mejor que la dignidad o mantener los valores.

- ¿Valores? ¿Adónde nos han llevado nuestros valores, Harris? Nadie ha conocido nuestros valores. Sólo vieron en nosotros a dos tacaños insulsos de cara mustia y sin nada que aportar.

- Teníamos cosas que aportar. El problema era que a ellos no les interesaban nuestras aportaciones.

- Ni a nosotros las suyas. Una pena que no encontrásemos a más como nosotros.

- Ese fue nuestro fallo, Flint. En cualquier caso, no me quejo de eso.

- No nos enseñaron de pequeños a afrontar la realidad de las relaciones humanas. Tanto esfuerzo por ser aceptado, por ser parte del grupo. ¿Y para qué? Nada de eso es real, es azar, es necesidad, es falsedad. Siempre he preferido andar solo a tener que fingir ser lo que no soy.

- Pero eso es luchar contra tu propia naturaleza. Todos al final nos movemos en lo falso.

- Quizá por eso me cuesta dormir por las noches, preguntándome si podré volver a ser transparente al día siguiente.

- Lo gracioso, Flint, es que un día fuiste el más popular de todos. ¿No te acuerdas? Tú los conocías a todos, los presentaste entre ellos. Todos eran tus amigos. Cuando quedabais, siempre andabas presente.

- Sí...Pero todo acaba.

- Recuerdo lo que me dijiste ese último día.

- ¿Qué dije?

- Estabas enfadado, cómo harto de todo. Yo era el único con el que te sincerabas, con los demás sólo sonreías. Esos días ya ni siquiera te esforzabas en sonreír. Y yo me di cuenta. Dijiste que ya apenas te preguntaban que tal estabas. No te daban palmadas en la espalda ni te contaban intimidades. Dijiste que ni se esforzaban en buscar planes y siempre acababas formándolos tú, sin que te aportaran nada. Me dijiste: Avísame cuando todo pase.

- Ah, es cierto...Pero no acabó, más bien empeoró.

- Ni siquiera hoy entendemos que pasó. Todos unidos un día, todos separados al siguiente. Se esfumó, tal cual. Sin suavizarlo, sin despedidas. Tajante.


- Como la muerte. Viene y acaba con todo, sin más. Así pasan las cosas fuera de los libros.

- Mi padre me decía cuando era niño que tenía que salir más a la calle y divertirme. Pero si salía los demás niños del barrio me pegaban o se burlaban de mí por mi nariz larga. Al final me divertía, pegándome con los que se metían conmigo. No era lo que yo o mi padre teníamos pensado.

- Así nos hicimos amigos. Me pegaste un buen puñetazo en la cara.

- Querias que te avisara cuando todo pasase. Creo que todo ha pasado. Pero hasta yo he dejado de leer el periódico por miedo a las esquelas que pueda encontrar.

- Yo quemo el periódico directamente. Es la única locura que me permito hacer ya.


- Es posible que eso fuera lo que nos faltó, Flint.

- ¿Quemarlo todo? - preguntó Flint riendo.

- Hacer más locuras

- En eso estoy de acuerdo, Harris. ¿Crees que es tarde para remediarlo?

- Aún no son ni las dos.

- Avísame cuando sean las tres y nos largamos.


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