"De nada sirve el sentimentalismo cuando su objetivo es convertirse en excusa,
en excepción a la regla.
No sirve de nada una disculpa, un arrebato, un saludo esporádico.
De nada sirven los atajos virtuales o los agradecimientos innecesarios.
Porque es el acto de cada día el que nos determina: Quienes somos, qué nos importa.
Lo demás es engañar; a nosotros mismos y al resto.
Pero en cambio lo repetimos sin cesar, buscar una palabra golosa, un chiste puntual, una gracia personal...
Todo para llenar ese vacío de soledad psico-emocional.
Y hablo de psico-emocional para describir una ilusión, que nos imponemos nosotros mismos sobre lo que se supone que debe ser importante.
Y creemos que una sola palabra nos hace maduros, hace borrón y cuenta nueva, nos ofrece redención.
Una palabra que soltamos en forma de tinta negra o azul, que se imprime con facilidad pasmosa/espantosa al pulsar varias teclas del ordenador...A la que se le puede atribuir un estado emocional, o no.
Concreciones efímeras, puntuales, facilmente evanescentes. Y es nuestra rutina y costumbre.
No sería tan grave si luego no le otorgáramos tanta prioridad o un sentido mayor del que realmente merece.
Llantos, enfados, rabietas, o incluso la violencia aflora cuando se pronuncian ciertas palabras, cuando se retuercen hasta convertirlas en insinuaciones, ironías, dobles sentidos, promesas, o incluso llegar a atribuirles esfuerzo.
Mentirse a la cara, una perversión generalizada. Y hasta llegamos a creernos nuestras propias mentiras. Un rato.
Pero nunca nos definirán nuestras palabras. Puede que sí ante los espejos rotos de la esfera pública, pero no ante la silenciosa e implacable verdad. Es el acto, el gesto, el detalle, la costumbre, el momento en el que nos encontramos solos con nosotros mismos -todo eso nos define.
Y no los amigos, los insultos, las alabanzas o las medallas. Una persona se caracteriza por su determinación ante la vida, lo que le sale del alma, lo que se calla o retiene. Más que por lo que se cuenta o se pretende contar.
Y recoger una lata del suelo y tirarla a la papelera más cercana, hacerlo sólo una vez, no nos convierte en buenos ciudadanos. El problema es que en cambio nos lo creemos, y hasta aquí queda la cosa.
De nada sirve lo que haces de vez en cuando a la hora de echarte flores. O echar algo en cara a alguien. O para justificar el no volver a hacerlo. No hagas algo como fin, como resguardo, como excusa, como obligación, como acto de cortesía, como acto por compasión o por presión social. Haz algo porque quieres hacerlo, porque no esperas nada a cambio salvo demostrar lo que eres y lo que quieres ser.
De nada sirve la manipulación simbólica, y en cambio nos creemos el concepto "libertad", "igualdad" o "unidad" cuando son términos creados por el hombre para darles a las masas lo que quieren oir: para atenuar sus miedos, para ofrecerles vías alternativas por las que vivir basadas en el autoengaño y en la evasión.
Frágiles como somos, imperfectos como somos, no podemos ser buenas personas al completo.
No es tan grave reconocer que hemos actuado mal como negar la evidencia..."
Soy el resultado de sueños que jamás desaparecieron y desilusiones que resquebrajan el alma
viernes, 29 de junio de 2012
jueves, 21 de junio de 2012
Bromas estructurales...
Siempre lo diré: el mejor aprendizaje en la vida es el que permite tomar consciencia de que cuestiones son prioritarias y cuales circunstanciales. En muchas ocasiones, vislumbrar esta posibilidad consiste en tragarte palabras y pensamientos que has esbozado y/ó exhibido con anterioridad en tu espejo público particular.
Comprender que el mero hecho de conocer un nombre no te hace más inteligente, capaz o profesional puede parecer de sentido común, más aún en el contexto de una universidad pública. No es por tanto descabellado suponer que desconocer un nombre -en un momento puntual, por ejemplo mientras realizas un examen- no es una falta grave a tener en cuenta a la hora de examinar unos conocimientos complejos (y por lo tanto propios de un nivel universitario) que por otro lado tampoco deberían recurrir en la amonestación o sanción.
Ya como opinión personal, y desde un punto de vista "estructural" (o genérico, ampliando los factores a tener en cuenta desde un punto de vista integrador de diferentes psicologías, filosofías o ideologías), considero que la tendencia popular de insultar o menospreciar a una persona por no conocer -o incluso recordar- un dato concreto o que pueda considerarse de interés o conocimiento general demuestra principalmente nuestra innata tendencia al egocentrismo subjetivo y a la inmadurez absurda generada por la autocomplacencia ilusoria de ser mejor que otra persona (creyendo por tanto que tienes alguna clase de derecho para menospreciarla hasta el infinito).
No debería escandalizar este apunte, aún cuando se trata de una actividad harto realizada en este mundillo que llamamos internet, muy empleado en las redes sociales, precisamente por serlo; en los foros o en el discurso oral (menos habitual en estas generaciones, lo de lanzarse cosas a la cara digo. Es más fácil criticar o insultar desde la seguridad del insulto anónimo o desde el escritorio de tu casa que a la carita)
Ya ni siquiera me estoy refiriendo aqui al hecho de que la gente se divierte (o usa su tiempo, ingenio, o incluso enfoca sus necesidades de reconomiento social) creando y lanzando mensajes despectivos con la excusa de que son "perlas de exquisita manufactura irónica" o "claros ejemplos del arte característico del español/europeo/norteamericano/ciudadano con internet (ya que CUALQUIERA puede levantarse gracioso un día, o aprovechar una coña que le contaron y mejorarla o inscribirla en otro contexto) medio". Me refiero a aquellos que menosprecían o se descojonan de una persona que confunde/olvida/no sabe/a la que no le importa que tal tipo es el presidente de un país, el fundador de tal entidad o que entró a formar parte de una empresa después de que esta se formara y no era por lo tanto fundador de la susodicha. Hablo de datos muy concretos, que te aprendes en dos segundos (y que se pueden olvidar con la misma facilidad si no le ves utilidad cotidiana a los datos en sí) y solamente demuestran que has tenido interés en aprender dicho dato -o que has tenido que aprenderlo para un examen-.
UN PIN PARA TÍ, colega, si sabes quíen es el presidente de Ecuador. Yo lo miro ahora en Google en cuestión de "one clic" y como menos, ya vuelvo a estar a tu nivel y capacidad intelectual. Pero no... aquí lo importante es que no lo sabías antes (el pasado, que parece ser lo uníco que importa y que SIEMPRE se te puede echar en cara).
Por supuesto eres un ignorante de mierda por lo menos, y eso sube el autoestima del que se ríe de tí (porque el acto de reirse de tí es una de esas acciones infantiles que nunca se olvida, tengas 10 o 20 años).
Pero que encima sea un PROFESOR (de universidad) el que considera que no puedes sacarte una carrera porque antes (el día del examen) creias que un tipo era el fundador de un periódico cuando no lo fue sino que apareció después, es de chiste. Eso teniendo en cuenta una serie de cosas:
La primera, que la pregunta fuera citar tres nombres y qué, por un error, lapsus o cuajo en el momento en vez de tres pusieras cuatro (y que uno de esos, el error en sí, no fuera) Por lo tanto, si no fuera por el error, la pregunta estaría aprobada, y no tachada directamente.
La segunda es que el profesor en sí base el error en un vacío de "conocimientos", cuando sólo se te exigía saber los nombres en sí, y no quienes fueran las personas, dónde vívian o que hicieron aparte de fundar un periódico.
La tercera es que el conocimiento de tal dato (que por supuesto adquirí durante la revisión del examen) sea calificado como esencial para ejercer una profesión, sobre todo cuando podría saber ese dato en particular pero no otro igual de esencial que no preguntó.
Podría haberle soltado en la cara que, si no consideró aprobarme por no saber aquello, debería hacerlo después de saberlo, puesto que era el desconocimiento lo que me convertía en un disfuncional/retrasado mental/insconsciente/ignorante/descerebrado/amplio etc...
Por supuesto eso debo desmostrárselo en Julio. ¿Por qué? Porque asi funciona el sistema educativo basado en el examen, y porque además los catedráticos se creen con potestad de hacer lo que les salga de los huevos por su condición de "excelentísima señoría"
Todo esto cuando la verdadera responsabilidad de poseer unos conocimientos, y por lo tanto sentirte orgulloso de ello, radica en poder compartir tales conocimientos con los demás, desde la aplastante humildad de ser humano (imperfecto, nunca lo sabremos todo, siempre hay algo que aprender...) y ser feliz consiguiendo que los demás sepan tanto como tú y NO dedicarte a insultar, alegrarte o creerte superior que otro porque este sabe menos de un asunto, por mucho "saber general o específico obligatorio" que resulte.
Sí, puede que la esencia de la competencia y el instinto de egoismo tenga algo que ver. Pero si algo he aprendido de la asignatura que me obligan a repetir en julio por unas décimas es que el ser humano no está determinado por su naturaleza, genética o por sus instintos, sino que puede adaptarse, aprender y autocriticarse para convertirse en QUÍEN QUIERA SER más allá de explicaciones reduccionistas, excusas producto del amargamiento o derrotas morales frente al enorme peso de la tendencia general (o presuntamente general, según a quien interese)
Vale que me dejen esa asignatura suspensa, pero no va a ser por vacío de conocimientos (menos aún cuando todo el examen se basaba en aprenderte nombres que fácilmente podrías memorizar el día antes o unas horas antes)
Así que sigan ustedes creyendo en la superioridad absurda de la sabiduría concreta y en la incompetencia absoluta de aquellos que aún teniendo mucho que ofrecer (o que enseñar, puesto que todos hemos nacido en este puto mundo y hemos asimilado una serie de experiencias) son unos negados para determinada actividad (o en la vida en general) por no saber un nombre.
Y ojo, diferente es equivocarse en un examen que luego en un periódico, que no estoy defendiendo la falta de investigación (o leer en dos segundos un nombre también) en un documento de carácter público. Pero en un examen es lógico que se evalúe lo que se sabe tanto como lo que no, lejos de caer en el déspota reduccionismo de tachar de incompetente y negado mental a una persona por un error. Mi caso ha sido el de una pregunta que me ha fastidiado el aprobado, pero muchos aún teniendo notable han caído por el mismo error que el mío. Bueno no, por errores más graves según el criterio del profesor, por los que tales individuos o sujetos no tendrían ni que haberse tomado la molestía en nacer.
Vamos, que los estudiantes somos unos asquerosos vagos de mierda y este tipo ha ido a pillar con la excusa para quedarse a gusto librándose de algunos cuantos "andrajosos" que no valen para nada. Eso debe de pensar este, como muchos otros, gracias al virus del prejuicio. Casualidad, de este mal nadie se salva; seas catedrático, peluquero, ermitaño, político, barrendero o premio nobel. Unos serán más cultos que otros. A la hora de la verdad todos indignados, frustrados y rencorosos con todo lo que se vea por delante, sin que importen los sentimientos, la justicia o el verdadero peso de una cuestión. Y lo digo por experiencia propia: con los huevos tocados a ver quíen se atreve a darme pie a que le grite, aunque sea por una chorrada.
Quizá va siendo hora de comprender que con estas actitudes me perjudico únicamente a mi mismo. Y que en tu lecho de muerte te va a importar un carajo el nombre del fundador de tal periódico. Pensarás en el nombre de tus amigos, de tu familia, de tu pareja (o parejas), de tus hijos y tus nietos. Que le den al resto.
jueves, 12 de abril de 2012
Comienza...
Y así llegamos.
Presagios del futuro, venid a mí.
La canción sonaba igual una y otra vez, se paraba y volvía a girar. Pero seguía siendo la misma.
Sólo cambiando la canción dejaba de estar incómodo, pero no podía.
Ahora sí puedo.
Nada está escrito, nada es inmutable, nada es ley en el mundo de la verdad.
Nuestras caras refulgen entre los ecos, ecos infinitos que se van apagando a medida que el pasado se reemplaza por lo que sigue. ¿Es un eco de alegría, el tuyo? ¿Es eso lo importante?
Quizás quieras cantar feliz, y que suene así tu eco. Pero nada es para siempre, ¿no?
La vida no dura para siempre -Valar morghulis- Así que no sería para siempre.
Se puede ser feliz mientras se viva. Total, es ese pequeño hilo enredado entre los demás.
Soñando no conseguirás que el hilo cambie.
Si quieres cambiar el hilo: aprende a hacerlo y reune un poco de constancia.
El valor viene de muchas formas...El logro importante, si lo es para tí, ya es un triunfo.
Vive en tu bosque de robles mágicos si lo deseas, y déjame entrar alguna vez.
Mientras tanto, sacaré mi hilo a pasear y a teñirlo de otro color. Ya ha cambiado la canción...
Presagios del futuro, venid a mí.
La canción sonaba igual una y otra vez, se paraba y volvía a girar. Pero seguía siendo la misma.
Sólo cambiando la canción dejaba de estar incómodo, pero no podía.
Ahora sí puedo.
Nada está escrito, nada es inmutable, nada es ley en el mundo de la verdad.
Nuestras caras refulgen entre los ecos, ecos infinitos que se van apagando a medida que el pasado se reemplaza por lo que sigue. ¿Es un eco de alegría, el tuyo? ¿Es eso lo importante?
Quizás quieras cantar feliz, y que suene así tu eco. Pero nada es para siempre, ¿no?
La vida no dura para siempre -Valar morghulis- Así que no sería para siempre.
Se puede ser feliz mientras se viva. Total, es ese pequeño hilo enredado entre los demás.
Soñando no conseguirás que el hilo cambie.
Si quieres cambiar el hilo: aprende a hacerlo y reune un poco de constancia.
El valor viene de muchas formas...El logro importante, si lo es para tí, ya es un triunfo.
Vive en tu bosque de robles mágicos si lo deseas, y déjame entrar alguna vez.
Mientras tanto, sacaré mi hilo a pasear y a teñirlo de otro color. Ya ha cambiado la canción...
martes, 20 de diciembre de 2011
martes, 13 de diciembre de 2011
Lo que hacemos con nuestras vidas
Un día me dije que me gustaba eso de escribir. No encuentro realmente la razón que me impulsó a elaborar historias en mi cabeza, a pensar en personajes, a ponerles cara y a crear situaciones entre ellos.
Sí, era un niño flipadillo de pelo cobrizo que se divertía creando castillos con cajas de plástico y jugando a que los playmobil del medievo se enfrentaban a figuras caricaturescas de los jugadores del sevilla de la época, convertidos en seguratas de un cuartel inspirado en alguna película o videojuego. Fantasía hasta el límite. Y mi madre se echaba las manos a la cabeza cuando entraba en el salón y veía como lo había convertido en un campo de batalla con varios castillos y fortalezas sobre las mesas, el sofá o hasta el televisor.
Más tarde cambié los muñecos por la mente, sin limitación alguna, dejando fluir las ideas. Todo estaba permitido.
Sigue gustándome eso de escribir. Ese significado intrínseco arrancado del alma. Los sentimientos cristalizados de una persona que vive en un contexto determinado. Los pensamientos existenciales e irracionales de los que aparecen un día en el mundo, confusos y obligados a aceptar la realidad que nos imponen a través de los sentidos...
Pero ahora me gustaría pararme a reflexionar y a pensar en lo que hacemos con nuestras vidas. Los caminos que tomamos, lo que aprendemos y la gente con la que lo hacemos.
Me preocupa mucho el futuro y quiero que deje de preocuparme lo que piensen los demás. Abandonar a ese crio escurridizo, al adolescente pasota, evolucionar al adulto responsable. Ese que ya ha comprendido que no se puede ir por la vida clavando puñales y vistiendo falsas sonrisas, asegurando dogmas o prometíendose cosas para envalentonarse si luego no cumple con su propio criterio.
Lo que importa es el equilibrio, ese concepto sublime en el que se alcanza una verdadera justicia, sin negros enjuiciamientos cargados de rencor y resentimiento personal ni frías y vacias sentencias de rigurosa potestad, imposición dictatorial y falta de flexibilidad.
Y uno se pone a hacer recuento general, de lo que pasa alrededor, entre la gente cercana, entre amigos y compañeros, entre parejas y personas confrontadas, para luego sacar una síntesis de polvo y humareda. Lo que yo pueda escribir acabo tomándomelo como una especie de poesia experimental, una época, un pronto, una etapa. No tiene mayor importancia, salvo ese peculiar valor sentimental, como el que se otorga a una reliquia que un día encuentra apartada en el desván, todo te viene de golpe, y te ries y te deprimes y recuerdas.
Al final lo unico que queda es el recuerdo, el buen recuerdo. Las cosas empiezan y acaban, es la dualidad de todo ente, de toda premisa, de todo símbolo, de todo sistema. Es el mismo límite de ese único concepto que se puede tomar como verdadero, la existencia.
Se dirá mucho o no se dirá nada. Se encasillarán las actitudes o se impondrán los sentimientos. Se acudirá a la libertad o al orden. Palabras, tan intensas y tan etéreas. Marcan y desmarcan. Pueden perseguirte toda la vida. Pero no pueden ayudarte a ser perfecto. Una pena.
Quizá va siendo hora de acabar con ciertas etapas, de renovarse y avanzar. Todo tiene su momento, su razón de ser, su necesidad. Y es posible que este blog ya haya dejado de funcionar de esa forma. Va siendo hora del cierre, del season finale, de la última escena. Y que el peso que lastro con él se libere para dejar paso a nuevos mundos. Y algún día, mi yo del futuro se reencontrará con este yo actual, me pegará dos tortazos y se echará a reir. Y se alegrará de que decidiera escribir todo lo que hay aquí. Porque para él va dedicado todo esto, para él y para todos los que me crean importantes en sus vidas, hoy y mañana.
Plus ultra...
Sí, era un niño flipadillo de pelo cobrizo que se divertía creando castillos con cajas de plástico y jugando a que los playmobil del medievo se enfrentaban a figuras caricaturescas de los jugadores del sevilla de la época, convertidos en seguratas de un cuartel inspirado en alguna película o videojuego. Fantasía hasta el límite. Y mi madre se echaba las manos a la cabeza cuando entraba en el salón y veía como lo había convertido en un campo de batalla con varios castillos y fortalezas sobre las mesas, el sofá o hasta el televisor.
Más tarde cambié los muñecos por la mente, sin limitación alguna, dejando fluir las ideas. Todo estaba permitido.
Sigue gustándome eso de escribir. Ese significado intrínseco arrancado del alma. Los sentimientos cristalizados de una persona que vive en un contexto determinado. Los pensamientos existenciales e irracionales de los que aparecen un día en el mundo, confusos y obligados a aceptar la realidad que nos imponen a través de los sentidos...
Pero ahora me gustaría pararme a reflexionar y a pensar en lo que hacemos con nuestras vidas. Los caminos que tomamos, lo que aprendemos y la gente con la que lo hacemos.
Me preocupa mucho el futuro y quiero que deje de preocuparme lo que piensen los demás. Abandonar a ese crio escurridizo, al adolescente pasota, evolucionar al adulto responsable. Ese que ya ha comprendido que no se puede ir por la vida clavando puñales y vistiendo falsas sonrisas, asegurando dogmas o prometíendose cosas para envalentonarse si luego no cumple con su propio criterio.
Lo que importa es el equilibrio, ese concepto sublime en el que se alcanza una verdadera justicia, sin negros enjuiciamientos cargados de rencor y resentimiento personal ni frías y vacias sentencias de rigurosa potestad, imposición dictatorial y falta de flexibilidad.
Y uno se pone a hacer recuento general, de lo que pasa alrededor, entre la gente cercana, entre amigos y compañeros, entre parejas y personas confrontadas, para luego sacar una síntesis de polvo y humareda. Lo que yo pueda escribir acabo tomándomelo como una especie de poesia experimental, una época, un pronto, una etapa. No tiene mayor importancia, salvo ese peculiar valor sentimental, como el que se otorga a una reliquia que un día encuentra apartada en el desván, todo te viene de golpe, y te ries y te deprimes y recuerdas.
Al final lo unico que queda es el recuerdo, el buen recuerdo. Las cosas empiezan y acaban, es la dualidad de todo ente, de toda premisa, de todo símbolo, de todo sistema. Es el mismo límite de ese único concepto que se puede tomar como verdadero, la existencia.
Se dirá mucho o no se dirá nada. Se encasillarán las actitudes o se impondrán los sentimientos. Se acudirá a la libertad o al orden. Palabras, tan intensas y tan etéreas. Marcan y desmarcan. Pueden perseguirte toda la vida. Pero no pueden ayudarte a ser perfecto. Una pena.
Quizá va siendo hora de acabar con ciertas etapas, de renovarse y avanzar. Todo tiene su momento, su razón de ser, su necesidad. Y es posible que este blog ya haya dejado de funcionar de esa forma. Va siendo hora del cierre, del season finale, de la última escena. Y que el peso que lastro con él se libere para dejar paso a nuevos mundos. Y algún día, mi yo del futuro se reencontrará con este yo actual, me pegará dos tortazos y se echará a reir. Y se alegrará de que decidiera escribir todo lo que hay aquí. Porque para él va dedicado todo esto, para él y para todos los que me crean importantes en sus vidas, hoy y mañana.
Plus ultra...
martes, 6 de diciembre de 2011
Suavidad
Leve. Se siente una brisa leve. Inunda plácidamente cada poro, ¿para qué resistirse? Es de sabios rectificar, y en este caso problemas se retuercen y disgregan en una carcajada fácil. Se respira, y se concentra, y se relaja...
Leve. Se siente un susurro leve. Y suavemente te dejas arrastrar. No existen fronteras, ni gritos, ni asuntos que agiten el alma. No si desatas las cuerdas y acabas con los límites.
Leve. Se siente una caricia leve. No hay nada que preguntarse, porque las dudas son de sencilla resolución. Tenemos las respuestas en nuestras narices, los actos mismos sellan realidades. Esta es mi realidad.
Leve. Se siente una sonrisa leve. Suficiente para que todo lo demás desaparezca. Ya empiezo a comprender que nada más me podría importar.
Con la misma suavidad cierro la boca y el tiempo fluye..............siguiendo...........en silencio...........
Suavemente. Hasta el final. El del silencio, y es lo único que importa. Que alguien te saque del silencio. ¿Quíen? Quien quiera. Porque tú solo luchas por no silenciar a otros.
Leve. El mundo debería funcionar de forma más leve. Un baile lento que te permita disfrutar dulcemente cada segundo, que se dilate entre la calidez y la paz. Las personas deberían disfrutar más del espacio y menos del tiempo. Y no hay excusas que valgan. Mi silencio no desaparece por excusas, ni exigencias, ni prepotencias, ni órdenes, ni amenazas, ni persuasiones, ni sobornos, ni falsos caramelos.
Leve. Se siente una mirada leve. Suficiente para todo, necesario para sentirse vivo. Que le den a las coreografías y a las defensas, a los cánones y a la ambición inconmensurable. Se puede vivir con una mirada que te derrita todas las mañanas. Diablos que sí, en eso reside la gloria.
Leve. Se siente un susurro leve. Y suavemente te dejas arrastrar. No existen fronteras, ni gritos, ni asuntos que agiten el alma. No si desatas las cuerdas y acabas con los límites.
Leve. Se siente una caricia leve. No hay nada que preguntarse, porque las dudas son de sencilla resolución. Tenemos las respuestas en nuestras narices, los actos mismos sellan realidades. Esta es mi realidad.
Leve. Se siente una sonrisa leve. Suficiente para que todo lo demás desaparezca. Ya empiezo a comprender que nada más me podría importar.
Con la misma suavidad cierro la boca y el tiempo fluye..............siguiendo...........en silencio...........
Suavemente. Hasta el final. El del silencio, y es lo único que importa. Que alguien te saque del silencio. ¿Quíen? Quien quiera. Porque tú solo luchas por no silenciar a otros.
Leve. El mundo debería funcionar de forma más leve. Un baile lento que te permita disfrutar dulcemente cada segundo, que se dilate entre la calidez y la paz. Las personas deberían disfrutar más del espacio y menos del tiempo. Y no hay excusas que valgan. Mi silencio no desaparece por excusas, ni exigencias, ni prepotencias, ni órdenes, ni amenazas, ni persuasiones, ni sobornos, ni falsos caramelos.
Leve. Se siente una mirada leve. Suficiente para todo, necesario para sentirse vivo. Que le den a las coreografías y a las defensas, a los cánones y a la ambición inconmensurable. Se puede vivir con una mirada que te derrita todas las mañanas. Diablos que sí, en eso reside la gloria.
viernes, 2 de diciembre de 2011
Mañana será otro día
Es psoible que las palabras duras escritas en blanco sobre fondo negro produzcan una inevitable sensación de "negatividad". Pero nada más lejos de la realidad. Es posible que influya el propio estado de ánimo del "lector" para imbuir cierto dramatismo a lo que se lee. Pero ahí va la sentencia: no todo lo que se escribe con afán de mostrar una verdad pensada o creida por un sujeto, por muy negativo o pesimista que suene, busca precisamente ahogar penas o destemplar gritos de angustia.
Porque no creo que exista ningún primer paso mejor para llegar a la felicidad que admitir que te vas a morir tarde o temprano. Tampoco puedes pretender cambiar el mundo a tu imagen y semejanza, pretender que todos piensen lo mismo que tú o pretender ser el puto amo del universo, sentencia que he oido alguna que otra vez, no es que intente ser metafórico.
Te digo también que no todo el sarcasmo busca ser cínico o sonar con voz grave o enfadada. He aquí mi propuesta optimista, no la denuncia ante algo que quiero cambiar sino ante algo que es y parece que nadie está dispuesto a tratar. Y es importante indagar en ese Preconsciente de las cosas que sabemos que existen pero de las que no queremos saber nada.
Evitar un problema no ayuda. Ser optimista o positivo no es huir de los problemas. No es prohibir la discusión o la reflexión sobre lo que nos perturba, sobre las palabras que se ahogan en nuestra mente, cada una de ellas clavándose en el cerebro.
No podemos, en definitiva, dejar que nuestras existencias vaguen arrastradas por una corriente de comodidad y autocompasión. No podemos dejar que nadie decida por nosotros que hacemos o queremos, no podemos limitar nuestra razón de ser a un cúmulo de situaciones que aprisionen nuestro talento y nuestros objetivos.
Ser optimista es ser consciente de ese gran muro que tienes delante de la jeta y empezar a construir una escalera para superarlo. Tardarás, claro que tardarás...Y sacrificarás otras tantas cosas. Lo que hay que tener claro es si estas dispuesto a pagar el precio de alcanzar ese objetivo cumbre de tu vida. Y más importante aún, si estas dispuesto a hacer lo que debes hacer para ser feliz.
Y no dejar que nadie te diga lo que puedes o no hacer, ni dejar que te manipulen, que nada te convierta en dependiente, que nada te impida ser como quieres.
Cuando estamos solos solemos hacer recuento de nuestro día a día, analizamos lo que hemos hecho y nos damos cuenta de todas las decisiones que tomamos de forma inconsciente o incluso automática. Si eres optimista, seguirás esforzándote en tomar las riendas de tus acciones y lograr que el día se convierta en lo que quieras hacer de él, mirar atrás y no decir que has estado perdiendo el tiempo.
Posiblemente mañana será otro día, diria el optimista de la conformidad. Pero a menos que aprendas a disfrutar del hoy, aunque no veas absolutamente nada a causa de una lluvia torrencial y la niebla más espesa, no habrá mañana que te salve. Y lo digo desde el positivismo más absoluto del que está dispuesto a alcanzar sus objetivos, aunque los consiga al cumplir los 110 años...
Porque no creo que exista ningún primer paso mejor para llegar a la felicidad que admitir que te vas a morir tarde o temprano. Tampoco puedes pretender cambiar el mundo a tu imagen y semejanza, pretender que todos piensen lo mismo que tú o pretender ser el puto amo del universo, sentencia que he oido alguna que otra vez, no es que intente ser metafórico.
Te digo también que no todo el sarcasmo busca ser cínico o sonar con voz grave o enfadada. He aquí mi propuesta optimista, no la denuncia ante algo que quiero cambiar sino ante algo que es y parece que nadie está dispuesto a tratar. Y es importante indagar en ese Preconsciente de las cosas que sabemos que existen pero de las que no queremos saber nada.
Evitar un problema no ayuda. Ser optimista o positivo no es huir de los problemas. No es prohibir la discusión o la reflexión sobre lo que nos perturba, sobre las palabras que se ahogan en nuestra mente, cada una de ellas clavándose en el cerebro.
No podemos, en definitiva, dejar que nuestras existencias vaguen arrastradas por una corriente de comodidad y autocompasión. No podemos dejar que nadie decida por nosotros que hacemos o queremos, no podemos limitar nuestra razón de ser a un cúmulo de situaciones que aprisionen nuestro talento y nuestros objetivos.
Ser optimista es ser consciente de ese gran muro que tienes delante de la jeta y empezar a construir una escalera para superarlo. Tardarás, claro que tardarás...Y sacrificarás otras tantas cosas. Lo que hay que tener claro es si estas dispuesto a pagar el precio de alcanzar ese objetivo cumbre de tu vida. Y más importante aún, si estas dispuesto a hacer lo que debes hacer para ser feliz.
Y no dejar que nadie te diga lo que puedes o no hacer, ni dejar que te manipulen, que nada te convierta en dependiente, que nada te impida ser como quieres.
Cuando estamos solos solemos hacer recuento de nuestro día a día, analizamos lo que hemos hecho y nos damos cuenta de todas las decisiones que tomamos de forma inconsciente o incluso automática. Si eres optimista, seguirás esforzándote en tomar las riendas de tus acciones y lograr que el día se convierta en lo que quieras hacer de él, mirar atrás y no decir que has estado perdiendo el tiempo.
Posiblemente mañana será otro día, diria el optimista de la conformidad. Pero a menos que aprendas a disfrutar del hoy, aunque no veas absolutamente nada a causa de una lluvia torrencial y la niebla más espesa, no habrá mañana que te salve. Y lo digo desde el positivismo más absoluto del que está dispuesto a alcanzar sus objetivos, aunque los consiga al cumplir los 110 años...
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