sábado, 19 de junio de 2010

Cluedo (1ª parte)

Bueno, inicio pues este experimento/locura que se me ha ocurrido hace unos días. He decidido crear un relato basado en un sueño que tuve hace unas noches, una especie de "cluedo" en el que los personajes son amigos mios. Esto es una introducción que no he podido evitar hacer, quizá para relajarme yo mismo de los malditos exámenes. A ver que es lo que acaba saliéndome... xDDD


0. Prólogo

Inglaterra. Mediados del siglo XIX. Una majestuosa mansión se impone entre las sombras y la niebla de la campiña inglesa. Su dueño, el ilustre magnate Alexander Von Ruibobille, ha organizado una fiesta invitando a sus amistades más selectas.

A Ruibobille le gustaba presumir de casona con este tipo de eventos, sobre todo desde que comenzó una disputa con uno de sus invitados, el respetado (aunque se rumorea que corrupto) abogado Paul Willis De la Rouge, por ver quien era mejor anfitrión y cual de sus propiedades era mejor. La mansión de los Ruibobille, “La Alameda de Almanzora”, pasó de generación en generación como un lugar de celebraciones y banquetes.
Durante un tiempo, el magnate la alquiló para la celebración de bodas y como hotel de campo. De aquel negocio sustrajo a sus tres sirvientes más actuales, que anteriormente trabajaban cómo miembros de Catering. Realmente no necesitaba más servicio que ese, ya que por alguna razón, el ricachón vivía obsesionado con el número 3.

Una tormenta se acercaba a la mansión cuando Alexander se detuvo a contemplar la campiña desde el gran ventanal de su estudio. Llamó a su mayordomo, Rufus Piñavera, y concretó junto a él los últimos retoques para la fiesta. Empezó, como de costumbre, por sacar del primer cajón de su escritorio la “Lista Negra”, folio perfumado en el que apuntaba los nombres de todos sus “exinvitados”, los cuales por una razón u otra le habían ofendido. Y como no era muy difícil ofender a Ruibobille, los que le conocen se lo piensan dos veces antes de hablar. (Debido a que en la sociedad inglesa de la época, formar parte del club de Almanzora era de buen gusto) Colocó la lista a contraluz para cerciorarse de que no había invitado por error a nadie que estuviera en ella. (Y es que la memoria no era su fuerte…) Cuando estuvo seguro de no haberse equivocado, le dio la señal a Rufus para que las doncellas prepararan el comedor…




I. Los invitados

El primero en llegar fue el ilustre Dr. Magnus P. Daniels, una de las más fieles amistades de Ruibobille. Llegó con su habitual traje lapislázuli aterciopelado, bigotillo de marqués y pelo engominado. El Doctor, siempre con la mirada altiva, dejó su abrigo a manos de Piñavera y se encaminó a la sala de billar para servirse su habitual copa de Brandy. Ruibobille se unió a él tras unos minutos.

- ¡Ah! Puntual cómo siempre. Esta noche va a ser buena, querido amigo. - Anunció Ruibobille mientras se servía un coñac.

- Estoy seguro, Alexander. Tengo entendido que tu apuesta con De la Rouge va encaminada a tu victoria. ¿De cuanto dinero hablamos? - preguntó Daniels observando su copa.

- Hmmm...Creo que el fanfarrón aceptó la cifra de 500.000 libras. Para ser la segunda apuesta del año, no está nada mal - rió mientras los colegas brindaban.

Minutos después, Rufus entró en la habitación anunciando la llegada de unos nuevos invitados

- Hazles pasar, Rufus. - Luego se dirigió a Daniels. - Si son quienes creo, vamos a tener que cambiar de tema...

A la sala entraron el Dr. Lewis Janson y la Baronesa Lucynella Lecumlora Gofré. El primero era un excéntrico profesor de la facultad de biología, muy aficionado al poker, que organizaba habitualmente timbas en su casa. Ruibobille solía participar en ellas por la mera diversión de ver al resto de jugadores perdiendo dinero por arriesgarse demasiado. Janson no era rival para él, por lo que ambos acordaban trabajar en equipo para repartirse luego las ganancias. La Baronesa Lecumlora era toda una institución de los alrededores, y al igual que Daniels, era una de sus invitadas cotidianas más antiguas. Ruibobille pensaba que invitar a gente con títulos nobiliarios era un gran aliciente a su reputación, y era precisamente su baza en la apuesta con De la Rouge.

Rufus les sirvió las copas que pidieron y después se retiró. Los cuatro charlaron sobre la apuesta y las actividades tras la cena, asi cómo el tiempo que tenían pensado quedarse. Daniels salió un momento a tomar el aire, y Lewis retó a Ruibobille a una primera partida de billar.

El juego se alargó bastante por la conversación de los jugadores con la Baronesa. Janson paró en cierta ocasión llegando a creer que había visto a Daniels en el patio hablando con una de las criadas de Ruibobille.

- Eres un cotilla, Lewis... -dijo Lucynella mofándose.

- Pues gracias a mis cotilleos sospechais al igual que yo de la "relación" de Daniels con tu camarera, Alexander.

Ruibobille golpeó la bola blanca y frunció el ceño.

- ¿Te refieres a Rosaline? Me costaría creer eso, sinceramente...

- Pues no es la primera vez que los veo charlando, amigo. ¿Nos apostamos algo a que están liados?

- ¿Aún estamos en febrero y ya quieres volver a perder, Lewis?

- No te confundas...Este es mi año. Ya lo verás...

- Muy confiado te veo. - respondió Lucynella, abanico en mano.

Rufus volvió a interrumpir, más serio que de costumbre. Anunció la llegada de la primera pareja de la noche.

- Gracias Rufus. Y relaja tu semblante, hombre. No estés tan tenso.

Piñavera se retiró con un ligeró ademán. Ruibobille dejó el palo de billar y Daniels volvió a internarse en la habitación desde la entrada del patio.

- Vamos a tener que dejar la partida para otro momento. Ya somos suficientes para pasar al salón.

Ruibobille les indicó que se dirigieran al Gran Salón. Una vez allí, se encontraron de frente a los recién llegados.

En este caso fueron el famoso cazador Lockslo T. Mclovin acompañado de su esposa, la bella (y rica) Condesa Martha Mclovin. Como siempre solia hacer, Mclovin llevaba al hombro una nueva adquisición como regalo para Ruibobille, un cuerno de rinoceronte africano.

Saludó a los presentes con efusividad y alegría. Janson le comentó a Daniels por lo bajo que había perdido la apuesta sobre que Lockslo se repasaría sus patillazas de cazador desde la última fiesta. El resto de la conversación se centró en las aventuras de la pareja en África, todos sentados alrededor de la chimenea y con nadie sin una copa en la mano.

Cuando Rufus irrumpió seguido del General Spinello Ramazzo y su mujer, Aidha de Bormujos, Daniels y Janson se disculparon para fumar afuera.

Ruibobille saludó a sus nuevos invitados y le pidió a Spinello que hablaran en privado un momento. El general, obviamente de origen italiano, era un buen amigo de la familia de los Ruibobille y de los De la Rouge, y siempre había mediado entre sus disputas como juez imparcial. Siendo como era un burgués eterno de bigote señorial, se casó muy pronto y ascendió a General de una forma bastante rápida y sospechosa.

En su despacho, Alexander volvió a echarle un vistazo a su Lista negra. Parecía nervioso y sus manos temblaban.

- ¿Se encuentra bien, Ruibobille?

- Si, si. Verá, General. Quería comentarle algo que me inquieta...

Quince minutos después, ambos volvieron al salón. Rufus esperaba a Ruibobille en el pasillo indicándole que todos los invitados estaban ya reunidos. Alexander le dio el permiso para avisar a Rosaline y Martina para preparar la mesa.

En el salón, los últimos cuatro invitados habían hecho acto de aparición. Por un lado estaban William G. Garcis, profesor de Bellas Artes en Londres, y el profesor Anthony Kant Rozalem, un experto de las apuestas y las finanzas. Hablando con ellos estaban la pareja compuesta por De la Rouge y su esposa, la princesa Noelesia IV de Guadalajarra. Daniels y Janson aún no habían vuelto.

Ruibobille saludó cordialmente a los últimos allegados e invitó a todos los presentes a dirigirse al comedor...La fiesta estaba a punto de comenzar...

1 comentario:

  1. Chapó

    Sí señor. Estoy expectante por las conversaciones de Kant Rozalem XDDDDDDD


    Grandioso, Ruibobille!

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